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miércoles, 16 de mayo de 2018

MIL Mujeres en la Industria Literaria - ¿Es sexista el mundo del libro?

España:
La escritora Maureen Johnson publicó hace unos años una novela titulada The Key to the Golden Firebird (sin publicar en España) que «va sobre tres hermanas que se enfrentan a la muerte súbita de su padre», explica en su blog. Sus editores creyeron que lo más apropiado para eso era una portada rosa Barbie, con el título del libro escrito en la camiseta de una modelo y una pegatina en forma de corazón aclarando: «A novel» («Una novela»).
«Ahora, como ejercicio mental –pidió Johnson recientemente– imaginen que en lugar de Maureen yo me llamase Maurice Johnson. ¿Tendría mi libro ese aspecto?». A partir de ahí, la autora retó a sus seguidores en Twitter y Tumblr a jugar al Coverflip (cambio de portadas). La idea consistía en tomar la cubierta de un libro clásico o reciente, cambiar el género de su autor (por ejemplo, JaneFranzen en lugar de Jonathan Franzen) e imaginar cómo hubiera sido.
Diseñadores y lectores aficionados se volcaron con el proyecto y en apenas unas horas dieron con portadas falsas de lo más creíbles. Si Jeanette, en lugar de Jeffrey, Eugenides hubiera escrito La trama nupcial, especulaban, la cubierta llevaría a una novia con ramo incluido en lugar de la elegante portada tipográfica que utilizó la edición original. «Muchas autoras (entre ellas superventas como Jodi Picoult) se pusieron en contacto conmigo para comentar el experimento. Margaret Atwood lo mencionó en un artículo. Creo que es algo que nos toca a muchas», comenta Johnson a S Moda.
Sylvia Plath, ¿chick lit? Los clásicos tampoco se libran. En febrero pasado, Faber publicó una reedición de La campana de cristal, de Sylvia Plath, con motivo del 50 aniversario del libro. Por si no tenía suficiente tirón decidieron comercializarla con una nueva cubierta en la que aparece una mujer aplicándose maquillaje. The London Review of Books la calificó sencillamente de «boba» y periodistas como Tracey Egan Morrisey fueron un poco más allá: «Para un libro que va sobre la depresión clínica de una mujer, exacerbada por los sofocantes roles de género que se supone que debe cumplir, es bastante estúpido ponerle una foto barata retro de una pin up maquillándose».
Desde Faber se defendieron asegurando que trataban de acercar el libro a un nuevo público «que pueda disfrutar de él sin saber nada de poesía ni del contexto del trabajo de Plath». La portada podía resultar más atractiva en las grandes superficies pero, como notaron muchos, otras ediciones recientes de aniversario, como las de George Orwell, no recibieron el mismo tratamiento.
En el sector editorial español también sucede, «aunque seguramente en menor medida, porque las colecciones permiten menos juego», apunta Elena Ramírez, editora de Seix Barral. «El mercado anglosajón es ferozmente competitivo y los libros a veces se venden casi al peso, como un objeto empaquetado para competir», añade.
Aun así, las cubiertas son sólo una pequeña parte de un problema mayor que algunos detectan: la industria editorial, enormemente poblada por mujeres –en España son mayoría en los puestos editoriales, aunque no tanto en los directivos– y sostenida gracias a un público consumidor también abrumadoramente femenino, no está exenta de sexismo.
Literatura mujeres
Claire Messud defendió el derecho de su última protagonista a ser poco simpática y dio lugar a la polémica al rebelarse contra el rol de «chica maja».
GETTY IMAGES
  
La asociación VIDA, que busca «explorar la percepción crítica de lo que escriben las mujeres» publica desde hace tres años una minuciosa colección de estadísticas detallando el número de críticas y libros escritos por féminas en los principales medios literarios anglosajones. En algunos, como Granta, se acerca al 40% (en parte porque esa revista literaria publica un número anual exclusivamente femenino, un gesto ya de por sí polémico) y en otros, como la respetada New York Review of Books apenas llegan a un 20% de reseñas de libros escritos por autoras y menos de un 10% de firmas femeninas. La asociación admite que desde que publica sus datos, las cosas han mejorado sensiblemente.
No todo el mundo está de acuerdo en que las mujeres lo tengan más difícil. El joven novelista Teddy Wayne (Kapitoil, Blackie Books) esgrimió en un provocador ensayo titulado La agonía del hombre novelista que «a la mayoría de autores literarios hombres, excluyendo el escalafón superior de los Franzen, Eugenides y De Lillo, les resulta más difícil que a las mujeres labrarse una carrera literaria financieramente estable (…)». Wayne argumenta que las autoras se benefician de una doble exposición mediática, al aparecer a la vez en revistas femeninas y literarias, y compara a los hombres que escriben con los actores porno: «Son menos y ganan menos que ellas, que tienen mucha más demanda de público». Además, el escritor aduce que las mujeres compran en Estados Unidos unas dos terceras partes del total de libros y un 80% cuando se habla de ficción literaria. Allí existe una tupida red de clubs de lectura, casi 100% femenina, a la que corteja la industria. «El libro arquetípico que escogen esos clubes está escrito por una mujer, tiene personajes femeninos, incluye una historia de amor, un relato de crecimiento personal o una narrativa madre-hija, quizá con trasfondo histórico».
De lo que Wayne está hablando, sin decirlo, es de ese género inventado llamado women’s fiction, un término que desagrada especialmente a la agente literaria Mónica Martín. «¿Por qué no existe la male fiction? Porque se supone que es lo normal, lo que debe ser. Si Clarín hubiese vivido hoy y fuese mujer tendríamos otro análisis de La regenta. Y lo mismo con Madame Bovary y con Lolita. ¿Es women’s fiction la novela Las bostonianas de Henry James?». Ana S. Pareja, la editora de Alpha Decay, amplía el foco: «Por norma general se espera que las mujeres escriban para mujeres y los hombres, para ambos sexos. El hecho de que ellas compren más libros enturbia la percepción que tenemos y perjudica a las autoras que van por libre», apunta. 
Pareja recuerda algunos casos curiosos que le ha tocado vivir con las escritoras que publican en su sello, como la argentina Pola Oloixarac, que es joven y muy atractiva. «Recuerdo frases sonrojantes en la prensa generalista sobre ‘sus largas piernas’ (o pestañas). Al mismo tiempo, la belleza física de algunas autoras ayuda a que más periodistas se interesen por ellas». Elena Ramírez lo confirma: «Si la autora es bonita, tiene sentido del humor y usa tacones le saldrán toda clase de propuestas de promoción, para posar maquillada en las revistas u opinando sobre cualquier cuestión al margen de su obra. Le publicarán menos críticas serias en los suplementos y tendrá que demostrar durante muchos años lo que vale para conseguir una portada. Lo logrará cuando vista mucho de negro, vaya despeinada o se haya hecho mayor. O sea extranjera, claro».
La última y curiosa polémica sobre mujeres y letras que saltó a los medios hace unas semanas no tiene que ver con las autoras ni con su eco mediático, sino con los personajes femeninos de sus libros. La novelista Claire Messud promocionaba The Woman Upstairs, en el que la protagonista es una mujer de 42 años que se rebela contra el rol de «chica maja» que la sociedad le ha otorgado. Una periodista del Publishers Weekly le lanzó a Messud la siguiente pregunta: «Yo no querría ser amiga de Nora, ¿y usted? Su visión es insoportablemente negativa».
La respuesta de la autora fue épica y furibunda, y no tardó en replicarse vía Twitter: «¿Qué clase de pregunta es esa, cielo santo? ¿Querría usted ser amiga de Humbert Humbert, de Mickey Sabbath, de Hamlet, de Edipo, de Óscar Wao, de cualquiera de los personajes de Las correcciones o de La broma infinita, de cualquiera de los tipos que jamás hayan imaginado Pynchon o Martin Amis?». Messud, y a continuación otras autoras como Curtis Sittenfeld, han empezado a rebelarse contra un último vestigio sexista en la literatura: la necesidad de que los personajes femeninos sean más empáticos y agradables. «Si usted lee para hacer amigos tiene un grave problema –continuó la escritora–. Leemos para encontrar vida, en todas sus posibilidades». Y en todos sus géneros y formatos, se podría añadir innecesariamente.
Fuente:https://smoda.elpais.com/moda/es-sexista-el-mundo-del-libro/

lunes, 6 de agosto de 2012

Se buscan profesores para las asignaturas de Imaginación, Inspiración, Talento, Vivencias. Ref: Escuela de Escritores


© Ivette Durán Calderón

De un tiempo a esta parte, dos o tres años, no más, pero intensamente, en diferentes países se imparten cursos de ¿Escritura? ¿Escritura Literaria? En otras palabras: van proliferando las escuelas y talleres para formar escritores. Sin embargo, ésta no es una novedad, México es el país pionero, ya que el año 1986 se creó la Escuela de Escritores de la SOGEM (Sociedad General de Escritores de México), que fue la primera en su tipo en Latinoamérica y España; esa institución se sumó al trabajo que desde 1957 realizaba el Centro Mexicano de Escritores, epicentro de la literatura mexicana del siglo XX.

Efectivamente, están plenamente justificados los cursos de redacción, gramática, ortografía, semántica, sintaxis, análisis de novela, cuento, relato, ensayo, crítica literaria  y un largo etcétera – con lo simple que sería llamar a este curso “Lengua” o “Lenguaje” o “Literatura”-  y fomentar la venta de las guías de “Análisis de texto y Lengua”. Pero, no podemos impartir, calificar y evaluar la imaginación, la inspiración, el talento o las vivencias de cada “alumno”. Fulano de tal reprobó por ¿falta de imaginación? Metafóricamente hablando: Podemos llevar a un jumento a la fuerza hasta el río…pero no podremos obligarle a beber de sus aguas.

El asunto no es escribir por escribir y autodenominarse “escritor”. Escritor es quien escribe bien y se hace dueño y eco de su oficio para atraer a sus lectores, llegar a ellos a través de la palabra correctamente escrita. De un escritor se debe aprender, no perder el tiempo leyéndolo. Escribir se aprende escribiendo, luego de leer mucho.

No vamos a divagar en la pregunta de siempre: “¿El escritor nace o se hace?”, muy común en las entrevistas. Las respuestas son variopintas.

Tuve la oportunidad de conocer a varios Diplomados de Formación Literaria que estudiaron en la Escuela Mexicana de Escritores. Me mostraron algunos con orgullo y otros con frustración sus diplomas, los cuales no les hace merecedores del Título de Escritor,  “es la obra, no el diploma, lo que les permite llamarse escritores” - es uno de los axiomas de esa escuela. – Enfatizó uno de ellos.

En una de mis visitas a Argentina, estuve tentada, más por curiosidad, que necesidad, de participar en las clases de "Clínica para novela y crónica", aún me queda la duda si debí o no haber participado.

La Escuela de Escritura Creativa de Chile, ofrecía el año 2006 un interesante – llamado por ellos, módulo de estudios-  “Fomento del libro y la lectura” asumí que pretendían fomentar la escritura, publicación, venta y compra de libros para su consecuente lectura. El curso estaba dirigido a escritores, estudiantes, amantes del desarrollo literario, del fomento del libro y la lectura, y a la comunidad en general. Mi estancia fue tan breve que no pude obtener más información.

En España, ofrecen capacitación permanente y competitiva con cursos presenciales y online, existe asimismo, un Máster de Narrativa.

No ha dejado de sorprenderme el año 2009, cuando recibí la información-invitación de la Asociación Latinoamericana de Escritores Cristianos de un “Curso para Escritores” me sonó simpático y diferente, era "para escritores" y no "de escritores". Fue desde entonces que estoy convencida que los escritores pueden y deben actualizar sus conocimientos, sus capacitadores serán sus propios colegas, más, o menos destacados, según se aprecie,  ya sea por un golpe de suerte o porque su contemporáneo magistral legado literario no deja lugar a dudas.

Me cabe puntualizar que diariamente me llegan online invitaciones de talleres, cursos, seminarios, etc., para mejorar o aprender el arte de escribir, paralelamente me ofrecen ventajosas ofertas de autoedición, me ofrecen enseñarme a escribir, pagar por ello, luego autoeditar mi libro, pagar y a esperar. Mientras pague ¿realmente me “enseñarán a escribir”? o simplemente ofrecen impresión de cualquier texto llámese, novela, cuento poemario, ensayo, etc., libros que jamás llegarán a un escaparate serio, menos aún a una Feria de Libros. Siempre se necesitará la firma editorial. La autoedición halaga el ego y acrecienta el arca de las imprentas.

Os dejo con esta noticia:

Escuelas de escritores ¿puro cuento o una realidad?
Formación. El arte literario
Académicos, directivos, escritores y estudiantes aseguran que las escuelas funcionan, que son espacios para la creación y la autocrítica, que allí no van a encontrar el talento pero sí a forjar la disciplina
En las escuelas de escritores el talento no se vende, tampoco forma parte de asignaturas ni se consigue mediante un diploma con validez oficial. Con el tiempo, se han convertido en espacios necesarios donde el aspirante a escritor se forja, vence sus egos y afirma la autocrítica; allí adquiere disciplina y calidad literaria.
En México abundan los talleres literarios, cursos y diplomados de literatura; unos impartidos en casas de cultura y muchos en instituciones de la iniciativa privada. Incluso es un país pionero en escuelas para escritores. En 1986 se creó la Escuela de Escritores de la Sogem, que fue la primera en su tipo en América y España; esa institución se sumó al trabajo que desde 1957 realizaba el Centro Mexicano de Escritores, epicentro de la literatura mexicana del siglo XX.
Son válidas algunas preguntas a propósito de estas escuelas: ¿sirven?, ¿proporcionan herramientas?, ¿ayudan a forjar escritores?, ¿son espacios de acompañamiento y consejo?, ¿son lugares donde los aspirantes a escritor hallan habilidades para el oficio de escribir?
Académicos, directivos, escritores y estudiantes aseguran que las escuelas funcionan, que son espacios para la creación y la autocrítica, que allí no van a encontrar el talento pero sí a forjar la disciplina, que hay premisas que deben cumplir, que es un oficio de mucha disciplina y que deben terminar con el prejuicio que existe de que un escritor se hace leyendo y en la calle.
“Hay un prejuicio muy grande contra las escuelas de escritores; ¿por qué si hay una escuela de pintura, una de música, una de cine, una de fotografía o una escuela de danza, no habría de haber una escuela de escritores?”, señala Mario González Suárez, quien dirige la Escuela Mexicana de Escritores, creada en mayo de 2011. 
Todas las escuelas emprenden nuevas estrategias para allegarse alumnos, abren talleres en líneas, crean cursos de especialización para que los alumnos terminen una obra y la publiquen editoriales independientes; suman escritores como maestros, están al tanto de lo que pasa en otras escuelas. En todas hay autores, hay muchachos que han ganado premios, profesionales de la literatura, hay sueños y deseos de hacer carrera, tener estilo y nombre y que su obra se inscriba en la llamada República de las Letras.
Más sobre lo mismo:
Escuelas de escritores ¿puro cuento o una realidad?
La Sogem fue pionera en sistematizar la enseñanza de la creación literaria. Hoy, varias universidades y otras instituciones han creado sus programas. ¿Se puede aprender a ser escritor en un pupitre? Aquí hablan algunas experiencias

TRADICIÓN. La Escuela de escritores de la Sogem fue pionera en América Latina y España; miles de egresados han pasado por sus aulas, 800 han obtenido algún premio. (Foto: Oscar Palacios)

Arturo Carrasco llegó a la Escuela Mexicana de Escritores con un manuscrito bajo el brazo, era a penas un proyecto, una historia que exigía ser contada. En poco más de un año ha emprendido el azaroso camino de la escritura, ha caído y se ha levantado, ha descubierto que se aprende a escribir escribiendo, que la literatura, como toda arte, no se asimila en un manual sino que es un asunto orgánico y una labor continua por encontrar la voz propia.
En las escuelas de escritores el talento no se vende, tampoco forma parte de asignaturas ni se consigue mediante un diploma con validez oficial. Con el tiempo, se han convertido en espacios necesarios donde el aspirante a escritor se forja, vence sus egos y afirma la autocrítica; allí adquiere disciplina y calidad literaria.

En México abundan los talleres literarios, cursos y diplomados de literatura; unos impartidos en casas de cultura y muchos en instituciones de la iniciativa privada. Incluso es un país pionero en escuelas para escritores. En 1986 se creó la Escuela de Escritores de la Sogem, que fue la primera en su tipo en América y España; esa institución se sumó al trabajo que desde 1957 realizaba el Centro Mexicano de Escritores, epicentro de la literatura mexicana del siglo XX.
Hoy, en pleno siglo XXI, donde existen por lo menos cinco escuelas para escritores, la mayoría de reciente creación, son válidas las preguntas: ¿sirven?, ¿proporcionan herramientas?, ¿ayudan a forjar escritores?, ¿son espacios de acompañamiento y consejo?, ¿son lugares donde los aspirantes a escritor hallan habilidades para el oficio de escribir?
Académicos, directivos, escritores y estudiantes aseguran que las escuelas funcionan, que son espacios para la creación y la autocrítica, que allí no van a encontrar el talento pero sí a forjar la disciplina, que hay premisas que deben cumplir, que es un oficio de mucha disciplina y que deben terminar con el prejuicio que existe de que un escritor se hace leyendo y en la calle.
“Hay un prejuicio muy grande contra las escuelas de escritores; ¿por qué si hay una escuela de pintura, una de música, una de cine, una de fotografía o una escuela de danza, no habría de haber una escuela de escritores?”, señala Mario González Suárez, el escritor que dirige la Escuela Mexicana de Escritores, creada en mayo de 2011.
Las escuelas de escritores suelen ser ejercicios de escritura, de tallereo, de lecturas en voz alta, de acompañamiento de tutor-alumno y de alumno con alumno, son espacios para la discusión, el análisis y la autocrítica; lugares en los que no se aprenden el oficio sino que se ejerce con crítica.
Por ejemplo, el Programa de Escritura Creativa que desde 2008 tiene la Universidad del Claustro de Sor Juana, dice Sandra Lorenzano, escritora y vicerrectora de esa institución educativa, está pensado para disfrutar de la escritura y compartirla, para descubrir las posibilidades que encierra, a partir del diálogo con escritores formados, pero también con los pares.
“Creo que no se puede ‘enseñar’ a escribir, pero sí se puede acompañar en un proceso formativo, de conocimientos de las diversas herramientas creativas, y de descubrimiento de los caminos que la escritura puede abrir”, comenta.
Para Elsie Méndez Baillet, directora desde hace un año de la Escuela de Escritores de la Sogem, institución con 25 años de trabajo, las escuelas de escritores brindan herramientas y un punto de vista, un consejo, pero solamente eso, pues dice que si el escritor no trabaja no logra nada. “Trabajamos a través de talleres, de escribir, de leer, de escuchar opiniones de los demás y de corregir. Cuando el alumno termina tiene escritos unos dos cuentos, tal vez un tercio de novela, un guión de cine o tal vez proyecto para televisión”.
Alejandro Montes, profesor-investigador de la academia de Creación Literaria de la licenciatura que se imparte en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México desde 2001, cita que muchos han dicho que “Shakespeare nunca fue a la universidad”, y sugiere que para escribir sólo es suficiente hacerlo, él afirma que es una aseveración muy parcial porque únicamente apela a la voluntad del escritor no al oficio adquirido por la confrontación práctica de la experiencia ni a la adquisición de conocimientos por investigación, estudio y lectura.
Escribir escribiendo
Elsie Méndez Baillet asegura que un escritor se descubre a sí mismo escribiendo. “Solamente con la práctica de su escritura puede descubrir su voz específica que surge a partir de su experiencia propia y de las habilidades que tenga, es decir, el talento, lo han dicho muchísimas personas, tiene que ver con la gran cantidad de trabajo, de práctica y de experiencia”.
Sandra Lorenzano asegura que hay interés, han cursado el programa 900 personas y que incluso han creado la licenciatura en Escritura creativa y literatura, cuya primera generación ingresó en agosto de 2011.
Alejandro Montes dice que un escritor debe profesionalizar su oficio no sólo desde la intuición sino por medio de conocimientos organizados que enriquezcan su trabajo.
González Suárez es categórico: “Una facultad de letras no sirve para ser escritor, hace profesores y críticos, frustra vocaciones literarias; una facultad de letras está demasiado ceñida a una serie de requisitos académicos que no necesita un escritor, está muy bien para la investigación, la docencia pero no para la creación”.
También dice que se equivocan los escritores que aseguran que el escritor se hace en la calle y en la cantina. “Tú no aprendes a escribir leyendo, aprendes a escribir escribiendo y sobre todo aprendiendo a escribir con otros escritores. Los jóvenes tienen que aprender a conocerse, a trabajar consigo mismos; la literatura como todas las artes no es algo que se pueda aprender en un manual, es algo orgánico con lo que tienes que trabajar; las escuelas trabajan con el oficio”.

En los últimos años han surgido escuelas de escritores en latinoamérica y España, está la escuela de escritores en Madrid que tiene mucha actividad, pero también ejercicios en Venezuela, Argentina, Colombia y Estados Unidos. Por ejemplo, el Programa de Escritura Creativa del Claustro de Sor Juana tomó como modelo la Escuela Holden, creada por Alessandro Baricco en Turín.
Todas las escuelas emprenden nuevas estrategias para allegarse alumnos, abren talleres en líneas, crean cursos de especialización para que los alumnos terminen una obnra y la publiquen editoriales independientes; suman escritores como maestros, están al tanto de lo que pasa en otras escuelas como Casa Lamm o los ejercicios en el Centro Xavier Villaurrutia o ese experimento que fue la Escuela Dinámica de Escritores de Mario Bellatín.
En todas las escuelas de escritores, hay autores, hay muchachos que han ganado premios, hay profesionales ejerciendo la literatura, hay sueños y deseos de hacer carrera, tener estilo y nombre y que su obra se inscriba en la llamada República de las Letras.
Fuente/ El Universal/LIVDUCA

jueves, 8 de septiembre de 2011

Ferias del Libro: Oportunidad para lectores y escritores





Por Ivette Durán Calderón

No cabe duda que uno de los eventos más importantes para cualquier apasionado de la lectura es una Feria del Libro, no lo es menos para los propios escritores, ya que se forma una especie de círculo vicioso: no hay escritores sin lectores, ni lectores sin escritores, sea cual fuere el formato de su edición, es decir, contar con un libro en formato digital o el tradicional libro de papel.

¿Están acaso las Ferias del Libro destinadas a desaparecer? Resulta difícil, casi imposible, puesto que los buenos lectores siempre estarán en busca de los libros descatalogados, incunables, coleccionables, best sellers, novedades, etc, y siempre sentirán esa necesidad de sentir la textura de un buen libro en sus manos.

Para muchas personas este tema resulta irrelevante, puesto que siempre podrán adquirir el ejemplar de su agrado en cualquier comercio especializado o no. Sin embargo también existe un buen número de defensores de las ferias de libros, aquellos que no se resignan a perder la oportunidad de dar a conocer su cultura literaria, y acaso la posibilidad de conocer a su autor preferido en la tradicional “firma de libros”.

Arte y cultura en sus diferentes manifestaciones cuentan con espacios exclusivamente destinados para su promoción y difusión, sin embargo, el presupuesto muchas veces no alcanza para la literatura , concretamente para las ferias de libros y toman la errónea decisión de suprimir tales eventos junto con la supresión de premiaciones e incentivos a las actividades literarias y a sus protagonistas.

Tanto lectores como escritores se sienten totalmente desprotegidos, los primeros porque perderán oportunidades de precio y posibilidad de conocer a sus autores, y por otra parte los escritores locales principalmente y los nuevos valores nacionales o internacionales que ven reducido su espacio de expansión.

Tema aparte son los escritores carentes de editor, es decir los “autoeditores” que pese a haberles costado mucho esfuerzo la publicación de su obra, mientras no esté respaldada por un sello editor, no encuentra cabida en el mercado, ni en librerías ni en ferias de libros, convirtiéndose en muchos casos en simples números de ingreso para las imprentas.

Al respecto, y honrando las ferias vigentes, Téxil Gardey nos ofrece este interesante artículo:

La feria del libro, un espacio para los lectores

Los eventos más importantes en lo que se refiere a libros, son las ferias, exposiciones donde las editoriales presentan los nuevos volúmenes y permiten que los lectores revuelvan, estén en contacto con los libros y se lleven aquellos que les gustan.

Existen muchas modalidades de ferias del libro, algunas se realizan a la intemperie, colocando carpas en una calle o en una plaza, como lo son la feria de Madrid, Barcelona y Las Palmas, otras, como la de Buenos Aires, se hacen en un recinto cerrado, en este caso es la sede de la Sociedad Rural Argentina.

Existen ferias del libro profesionales, a las cuales acuden sólo personas que trabajan en el sector, y mixtas, donde participan los profesionales y cualquier persona que lo desee, estas últimas están abiertas a todos los públicos y generalmente para participar hay que pagar una entrada.

Principales ferias del libro a nivel mundial

Los principales organizadores de la feria del libro son los libreros y editores, pero reciben el apoyo de consejerías, equipo del gobierno encargado de la cultura y los medios locales, para la difusión del evento. A él concurren personas de todas partes, y pese a que la lectura no es una actividad que pueda decirse que está de moda, para estas fechas suele haber un cambio aparente en la mentalidad de las sociedades y cada vez sorprenden más los números de los concurrentes a estos eventos.

Entre las ferias más importantes del mundo se encuentran: la de Fránkfurt, la de São Paulo, la de Guadalajara, la de Buenos Aires, la de Londres, la de Madrid y la de Chicago.

La Feria del Libro de Fránkfurt

Es la más importante del mundo y se realiza en Fránkfurt o Fráncfort del Meno, en Alemania. A ella acuden personas de todo el mundo y los principales representantes de publicidad, editoriales y demás organismos relacionados con la publicación de obras.

Anualmente se reúnen allí 6.700 expositores y alrededor de 270.000 visitantes. Además de contar con la presencia de editores y libreros, participan de la organización de este evento, agentes publicitarios, ilustradores, académicos, traductores y periodistas de todo el mundo. Año a año ha ido creciendo esta feria, y cada vez es mayor el número de expositores y visitantes que recibe.

En cada nuevo evento se invita a la literatura de una región en particular para convertirla en invitada de honor y todo en la feria gira en torno a ella. El año pasado la invitada de honor fue la literatura argentina y se llevaron a cabo conferencias, certámenes y círculos cuyo eje central era la literatura de este país. En el 2007 la invitada de honor fue la literatura catalana, y se desarrolló un evento que hacía un recorrido a través de la historia de la industria editorial de Cataluña y la visión contemporánea de la lengua catalana.

Feria del libro de Buenos Aires

Este evento se realiza cada año entre los meses de abril y mayo. Los escritores más importantes del mundo, sobre todo aquellos de habla hispana, acuden a este evento a presentar sus obras, brindan conferencias y firman autógrafos para quienes lo deseen.

Esta es la feria del libro más importante de Latinoamérica y es un encuentro fundamental entre los lectores y los autores, y entre estos y las editoriales, los libreros, distribuidores, educadores, bibliotecarios, científicos y todos los que se encuentran en el mercado editorial.

Este evento se realiza desde hace 37 años y es organizado por una fundación sin fines lucrativos, llamada “Fundación El Libro”, que se halla integrada por la Sociedad Argentina de Escritores, la Cámara Argentina del Libro, la Cámara Argentina de Publicaciones, el Sector de Libros y Revistas de la Cámara Española de Comercio, la Federación Argentina de la Industria Gráfica y Afines, y la Federación Argentina de Librerías, Papelerías y Afines.

En las últimas entregas de esta feria el terreno donde se realizó creció considerablemente, llegando a ocupar 45.000 m2 y recibiendo la participación de escritores, lectores y agentes de más de 50 países. Además se estima que esta feria supera los 1.200.000 visitantes cada año.

Entre las personalidades que se han hecho presentes en este evento se encuentran: Paul Auster, Wilbur Smith Susan Sontag, José Saramago, Mario Vargas Llosa, Arturo Pérez-Reverte, Rosa Montero y muchos más.

Cabe aclarar, que además de la Feria Internacional, en Buenos Aires se realiza anualmente la feria infantil y la juvenil de libros, que son similares a la anterior pero enfocadas a un público más específico.

La importancia de este evento

La feria del libro es una oportunidad única para los aficionados a la lectura para conocer nuevos autores, editoriales y demás. Los lectores son los protagonistas de este evento, sin ellos no sería posible, por eso la importancia cultural de la feria del libro reside en quienes la visitan por sobre los que la organizan y participan de forma profesional de ella.

Para los autores noveles también es una oportunidad única, pues pueden darse a conocer en editoriales o contactarse con editores, conocer lo que se está vendiendo en el mercado, acceder a recursos de promoción y muchos otros, que pueden ayudarlos a mejorar en la escritura y convertirse en escritores que publican.

Indudablemente la feria del libro es un acontecimiento imprescindible para la difusión de la literatura en todos sus géneros y permite incentivar a aquellos que no tienen cercanía con los libros a acercarse a la lectura, a entender que “los libros no muerden”, y que leer puede ser una de las actividades más placenteras y que más enriquezcan la mente, el cuerpo y el alma./ Téxil Gardey/LIVDUCA

“ Los lectores son un género que está desapareciendo. Escritores hay muchos, pero lectores...”

Jorge Luis Borges, Elogio de la sombra, 1969.

Que otros se jacten de las páginas que han escrito;

a mí me enorgullecen las que he leído.

No habré sido un filólogo,

no habré inquirido las declinaciones, los modos,

la laboriosa mutación de las letras,

la de que se endurece en te,

la equivalencia de la ge y de la ka,

pero a lo largo de mis años he profesado

la pasión del lenguaje.

Mis noches están llenas de Virgilio;

haber sabido y haber olvidado el latín

es una posesión, porque el olvido

es una de las formas de la memoria, su vago sótano,

la otra cara secreta de la moneda.

Cuando en mis ojos se borraron

las vanas apariencias queridas,

los rostros y la página,

me di al estudio del lenguaje de hierro

que usaron mis mayores para cantar

espadas y soledades,

y ahora, a través de siete siglos,

desde la Última Thule,

tu voz me llega, Snorri Sturluson.

El joven, ante el libro, se impone una disciplina precisa

y lo hace en pos de un conocimiento preciso;

a mis años, toda empresa es una aventura

que linda con la noche.

No acabaré de descifrar las antiguas lenguas del Norte,

no hundiré las manos ansiosas en el oro de Sigurd;

la tarea que emprendo es ilimitada

y ha de acompañarme hasta el fin,

no menos misteriosa que el universo

y que yo, el aprendiz.

Cuando descubrimos la Lectura, se nos abre un mundo nuevo de ideas y sin querer nos convertimos en Idearios y si de convertir se trata, podemos cambiar lo escrito por otros y darle el sentido que queramos desde nuestra propia perspectiva.

Y así vamos formando una cadena que tanto a escritores como a lectores, eslabones de ésta, nos une un solo punto.

La Pasión.

Motivarnos a leer es el Primer Paso. Tenemos un sin fin de temas que desde pequeños nos podemos interesar. La lectura corta y sencilla, es la mejor opción para no caer en el Tedio y llegar al hartazgo.

Una vez motivados, debemos dejarnos llevar por esa semilla de Pasión.

Te aseguro que no vas a dejar tan facil al libro, y si el libro quiere nos acompañará el resto de nuestra vida.

Entrevista de dos grandes Intelectuales hecha hace más de 25 años, Donde Borges tiene un contrapunto con Susan Stontag en la forma de ver este fenómeno

En 1985, cuando comenzaba la primera edición de la Feria del Libro de Córdoba, se produjo en la 10ª edición de la Feria del Libro de Buenos Aires un encuentro público memorable, entre Susan Sontag y Jorge Luis Borges. Ese encuentro fue presentado como la “reunión de dos de las mentes más brillantes del siglo 20”.

Ante un público que los ovacionaba y casi impedía la continuidad del diálogo, Susan Sontag (intelectual estadounidense, escritora, artista, directora de cine y teatro, militante de los derechos humanos), recibió con una reverencia a nuestro Jorge Luis Borges y le recordó otra reunión similar en Nueva York: “Aquí estamos otra vez como Laurel y Hardy, representando nuestro número”, y de allí en más se transformaron en cómplices, más que por la lucidez y universal originalidad de sus mentes, por la apasionada relación de ambos con la lectura.

Hace un cuarto de siglo en esa feria se empezaba a hablar del fin del libro. Sontag y Borges no se dieron por aludidos porque estaban leyendo.

–Susan Sontag: Creo que ser escritor es una vocación muy extraña. Casi todos los escritores que conozco, incluso yo misma, sabían desde muy temprana edad que querían ser escritores, desde los seis o siete años.

–Jorge Luis Borges: Yo siempre supe que mi destino era literario, no sé si escritor, pero sí lector; es más grato, siempre lo supe.

–SS: ¿Usted se imaginaba los libros que iba a escribir?

–JLB: No, nunca pensé eso... pensaba en el placer de leer, en el placer de escribir, pero en publicar, no, jamás.

–SS: ¿Cree que hubiera podido ser un escritor como Emily Dickinson, que no publicó nunca durante toda su vida?

–JLB: Sí, pero he cometido la imprudencia de publicar (risas). Estoy de acuerdo, desde luego, con el destino envidiable de Emily Dickinson. Si uno no publica, me dijo Alfonso Reyes, corremos el riesgo de pasarnos la vida corrigiendo borradores. Creo que tenía razón. Pero yo, por ejemplo, publico un libro y no leo nada de lo que se escribe sobre él; no sé si se vende o no, trato de soñar otras cosas, un libro distinto... Pero generalmente me salen parecidos al anterior.

–SS: Alguna vez le preguntaron a Paul Valéry cómo hacía para saber cuándo estaba listo un poema y Valéry le respondió: “Cuando viene el editor y se lo lleva, porque siempre podría mejorarlos o cambiarlos”.

–JLB: A mí me asombra tanto que se hable de edición definitiva... ¿Cómo puede saber el autor que no se va a arrepentir de un punto o de una coma, o de un adjetivo? Es absurdo eso de edición definitiva. ¡Cómo edición definitiva, si el idioma va cambiando también!

–SS: Yo también siento que me gustaría volver a escribir casi absolutamente todo lo que he escrito.

–JLB: Yo quisiera destruir todo lo que he escrito (risas) pero... podría salvar algún libro: El libro de arena, lo demás podría olvidarse. Bueno, quizás La cifra también, lo demás puede y debe olvidarse, sobre todo las Obras Completas (risas).

–SS: ¿Tiene favoritos, entonces?

–JLB: Sí.

–SS: Cuando vuelvo a leer lo que he escrito, trato de hacerlo lo menos posible, obligada por las reediciones. Me siento muy deprimida porque creo que fue malísimo y me avergüenzo de que exista. O, por lo contrario, pienso que fue tan bueno que no voy a volver a escribir algo tan bueno.

–JLB: A mí me pasa también sentir envidia, decir: ¡Ojalá yo hubiera escrito eso!

–SS: Creo que mi imaginación no es tan fuerte como la suya, porque no puedo siquiera imaginarme escribir sin publicar. ¿Usted puede imaginárselo?

–JLB: Yo publiqué mi primer libro a los 24 años, pero no pensé en la venta ni en darlo a conocer a los diarios...

–SS: Para mí, la publicación es una forma de deshacerme de ellos; de no tener que corregirlos más. Es decir que yo tengo que mantener los caños destapados, entonces los publico y no pienso más en ellos.

–JLB: Lo que yo hago es cambiar de temas.

–SS: No sólo cambiar de temas sino también de opinión; lo cual es bastante incómodo, pues la actitud adulta responsable es estar parado siempre detrás de lo que uno ha escrito, respaldándolo.

–JLB: Esa es una actitud comercial, sobre todo.

–SS: No, no creo que sea comercial. Existen libros míos publicados hace 20 años y si algunos los leen no es culpa de nadie que el tiempo haya pasado. Si veo a un joven que lee un libro que escribí 20 años atrás, me sentiría muy poco amable diciéndole que eso ya no me interesa. Eso no significa que no esté contenta porque se están leyendo mis libros. Sólo siento que algunos ya no me atañen más. Mi tarea es estar más allá de mis libros. Es una especie de posición esquizofrénica, porque una parte mía quiere que sigan siendo leídos, pero hay otra parte que es la creativa, entonces me interesa lo que estoy escribiendo ahora o lo que haré en el futuro. También me pasa que cuando hago algo tengo la necesidad de contradecirlo y me siento libre de contradecirlo porque ya lo hice. Por ejemplo, una postura que pude haber tomado, con total honestidad, de pronto la veo distinta; es por eso que me gusta más hablar de las obras de otras personas. ¿Está de acuerdo con algo de esto?

–JLB: Yo nunca releo lo que escribo, es más: me olvido, es como una purificación.

–SS: Es que parece que uno no tiene el mismo acceso a las obras propias como a las de los otros. Para mí, la definición de un libro importante es que se necesita leerlo más de una vez.

–JLB: Sí, sí... los otros son simulacros.

–SS: Claro, la definición que doy a la buena literatura es el volver necesariamente a esos libros, hacer una especie de familia con ellos, un discurso en donde uno es parte.

–JLB: En el caso de la poesía, ésta tiene que ser ligeramente misteriosa, no puede ser explicable; si el poema puede ser explicado casi no es poesía. Tiene que haber algo en las cadencias...

–SS: ¿Qué piensa de la diferencia entre prosa y poesía? Yo soy un poco incrédula de las dicotomías; ni bien uno mira profundamente, las distinciones se derrumban...

–JLB: No yo creo que la diferencia no esté en el texto, sino en el lector; el lector que lee una página en prosa espera razonamientos, noticias, informaciones; pero el que lee una página en verso sabe que tiene que emocionarse antes que nada.

–SS: Yo voy a tomar la postura opuesta, porque por ejemplo, si Dante es poesía ciertamente también es argumento e información; si Kafka es prosa no hay en él ni noticia ni información. Yo no creo que la distinción es entre lo que tenga información y argumento y lo que no.

–JLB: Yo no he dicho que lo que mejor busca el lector es una cosa... Por ejemplo un clásico, no es un libro que esté escrito de un modo, es un libro leído de un cierto modo, con más respeto.

–SS: Entonces cree usted definitivamente que la diferencia radica en los lectores, en la diferencia entre ellos.

–JLB: Claro, tantos tipos de lectores como lectores hay en el mundo...

–SS: ¿Qué dice usted cuando alguien le dice que quiere ser escritor?

–JLB: Le digo que sea lector, que es mucho más grato.

–SS: Sí, especialmente a la gente haragana, ¿no?

–JLB: Yo soy haragán (risas).

–SS: Nosotros, Borges, nos pasamos gran parte de nuestra vida leyendo...

–JLB: Es lo más prudente que se puede hacer...

–SS: Yo me asombro cuando mis colegas me preguntan de dónde saco el tiempo para leer.

–JLB: ¿Para qué sirve el tiempo sino para leer? (risas).

–SS: Yo disfruto realmente al leer, pero a veces pienso “¡No puedo estar todo el tiempo leyendo, más vale que escriba un poco!” Pero insisto, para mí el gran placer radica en leer.

–JLB: Sí, sí... un placer accesible al que mucha gente se niega, no sé por qué...(risas)

–SS: Sí, pareciera que leer es también tanto o más fácil que ver televisión.

–JLB: Claro, claro, mirar televisión enferma; por suerte a mí la ceguera me defiende...(risas).

–SS: Tenemos que aumentar la comunidad de lectores.

–JLB: Los lectores son un género que está desapareciendo. Escritores hay muchos, pero lectores...

–SS: Creo que precisamente por eso es que son tan importantes estas ferias de libros.

–JLB: Claro, para fomentar las sectas de los lectores, las sociedades secretas de los lectores...

–SS: Entonces... ¡qué vivan por mucho tiempo las ferias de libros!

(Risas y muchísimos aplausos)

viernes, 29 de abril de 2011

Nietzsche: “Nuestros útiles de escritura participan en la formación de nuestros pensamientos”.



A partir de 1879, el filósofo Friederich Nietzsche sufría problemas de salud que le dificultaban la tarea de leer y escribir. Sobre todo por los fuertes dolores de cabeza y los incontrolables vómitos. Hasta que se le ocurrió la feliz idea de recurrir a la tecnología.

Durante las primeras semanas de 1882, Nietzsche recibió en su domicilio una máquina de escribir danesa, una Writing Ball Malling-Hansen.

Inventada unos años antes por Hans Rasmus Johan Malling-Hansen, director del Instituto Real de Sordomudos de Copenhague, la bola de tipos móviles era un instrumento de extraña belleza. Se parecía a un acerico adornado de alfileres de oro. Cincuenta y dos teclas para letras mayúsculas y minúsculas, los números y los signos de puntuación, sobresalían por la parte superior de la bola en una disposición concéntrica científicamente diseñada para permitir la escritura más eficiente posible. Justo debajo de las teclas tenía una placa curvada que contenía la hoja de papel. Mediante un ingenioso sistema de engranajes, la placa avanzaba como un reloj con cada golpe de tecla. Con la práctica suficiente, el mecanógrafo podía escribir hasta ochocientos caracteres por minuto con aquel aparato, lo que lo convertía en la más rápida máquina de escribir fabricada hasta entonces.

Nietzsche empezó a escribir con aquel artilugio, cada vez más maravillado con sus posibilidades. Incluso aprendió a escribir con los ojos cerrados, usando sólo la punta de los dedos.

Tanto le fascinaba aquella suerte de transductor de su mente que incluso le dedicó una oda:

“Como yo, estás hecha de hierro mas eres frágil en los viajes. Paciencia y tacto en abundancia, Con dedos diestros, exigimos.”

Sin embargo, algo extraño empezó a ocurrir con los textos que mecanografiaba el filósofo. Algo que propios y extraños notaron sin ninguna duda.

Con la máquina de escribir que Nietzsche se hizo, empezó a redactar sus textos A partir de entonces, algo empezó a cambiar en la prosa del filósofo, como si algo hubiese también cambiado en su cabeza.

Uno de sus mejores amigos, el escritor y compositor Henrich Köselitz, se lo señaló, tal y como explica Nicholas Carr:

La prosa de Nietzsche se había vuelto más estricta, más telegráfica. También poseía una contundencia nueva, como si la potencia de la máquina (su “hierro”), en virtud de algún misterioso mecanismo metafísico, se transmitiera a las palabras impresas de la página. “Hasta puede que este instrumento os alumbre un nuevo idioma”, le escribió Köselitz en una carta, señalando que, en su propio trabajo, “mis pensamientos, los pensamientos musicales y los verbales, a menudo dependen de la calidad de la pluma y el papel.” “Tenéis razón”, le respondió Nietzsche: “Nuestros útiles de escritura participan en la formación de nuestros pensamientos”.

Esta anécdota literaria sirve para ilustrar hasta qué punto las nuevas tecnologías ejercen una influencia sutil pero determinante en nuestro cerebro. De algún modo, al igual que un carpintero consigue que el martillo se convierta en una extensión de su mano, una máquina de escribir se convierte en una extensión de la mente. De algún modo, nos transformamos en una máquina de escribir.

T. S. Eliot tuvo una experiencia parecida cuando pasó de manuscribir sus ensayos y poemas a mecanografiarlos:

Al componer (mis poemas) en la máquina de escribir”, escribió en una carta de 1916 a Conrad Aiken, “me da la sensación de estar mudando todas las frases largas en que solía recrearme a un staccato tan cortante como la prosa francesa moderna. La máquina de escribir fomentará la lucidez, pero no estoy seguro de que haga lo mismo con la sutileza.

Así pues, vale la pena investigar qué efectos produce en el ejercicio de transmitir ideas y contar historias el uso de intermediarios en forma de máquinas de escribir o procesadores de textos. Toda herramienta, aunque abra nuevas posibilidades, también impone nuevas limitaciones.

Incluso la disposición de las teclas de una máquina de escribir o un ordenador (querty) no se funda en una optimización de nuestra escritura sino en la resolución de un problema mecánico de la propia herramienta: evitar que los martillos de las letras chocaran entre ellas, en los primeros diseños. Y a pesar de que las máquinas de escribir están empezando a extinguirse, sus efectos se perpetúan en nuestros ordenadores, teléfonos móviles o libros electrónicos.

Obviar la influencia que todo ello causará en el mundo intelectual del futuro sería como obviar la influencia que la imprenta de Gutenberg ejerció en la sociedad de la Alta Edad Media.

Tal y como señala Norman Doidge:

La gente que siempre escribe a ordenador a menudo se ve perdida cuando tiene que escribir a mano. (...) Su capacidad de “traducir los pensamientos a escritura cursiva” disminuye a medida que se acostumbra a pulsar las teclas y ver cómo las letras aparecen como por arte de magia en la pantalla./ Vía | Superficiales de Nicholas Carr/LIVDUCA

miércoles, 16 de febrero de 2011

Escritora cubana Nara Mansur Cao gana el Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén 2011, por su cuaderno Manualidades



Poeta, autora de materiales para la escena, crítica teatral, editora, y promotora cultural.

Licenciada en Teatrología, Facultad de Artes Escénicas, Instituto Superior de Arte. Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Fue redactora (1997 / 2001) y jefa de redacción (2001 / 2007) de la revista "Conjunto" de teatro latinoamericano, editada por la Casa de las Américas, institución esta en la que trabajó como parte del equipo del Departamento de Teatro (1994 / 2007).

Impartió el Seminario de Dramaturgia en la Facultad de Artes Escénicas del Instituto Superior de Arte entre 2002 y 2007.

Desde mediados de 2007 es colaboradora del Estudio Teatral El Cuervo, que dirige Pompeyo Audivert en Buenos Aires; e integró el equipo creador (actriz, investigación, dramaturgia) de la instalación teatral Museo Ezeiza en 2009. Actualmente prepara, junto a Audivert, un volumen sobre sus técnicas y principios artísticos.

Ha publicado:

Mañana es cuando estoy despierta, poesía, Editorial Letras Cubanas, 2000.

Un ejercicio al aire libre, poesía, Editorial Letras Cubanas, 2004.

Desdramatizándome. Cuatro poemas para el teatro, dramaturgia, Ediciones Alarcos, 2009.

Algunos de sus textos teatrales han sido llevados a escena, como Ignacio & María por Teatro D’Dos y La Guerrilla del Golem, así como Charlotte Corday. Poema dramático por el grupo de Santiago de Cuba. Materiales escénicos de su autoría también han sido representados en lecturas dramatizadas de festivales de teatro de Estados Unidos, Colombia y Puerto Rico.

Además, sus obras y artículos de crítica teatral han sido publicados en diversas revistas especializadas de América Latina y Europa.

Algunos reconocimientos:

Mención Premio 13 de Marzo de Poesía, Universidad de La Habana, 1993.

Menciones Premio David de Poesía (UNEAC), 1997 y 1998.

Finalista Premio de Dramaturgia Virgilio Piñera 2001, por Ignacio & María.

Finalista del Concurso Dramaturgia Innovadora “Casa de América-Festival de Escena Contemporánea”, 2002, por Charlotte Corday. Poema dramático.

Accésit del Primer Concurso de Dramaturgia, 2005, organizado por la Embajada de España en Cuba y la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), por Venus y el albañil.

Reside entre La Habana y Buenos Aires desde 2007.

viernes, 11 de febrero de 2011

Falleció el escritor colombiano David Sánchez Juliao


El deceso del escritor y periodista David Sánchez Juliao deja un gran vacío no sólo en las letras de Colombia sino también en las de todos los países que se enriquecieron con el trabajo de este hombre que nació en el departamento de Córdoba el 24 de noviembre de 1945.

La muerte del creador de propuestas como “Cachaco, palomo y gato”, “Pero sigo siendo el rey” y “El país más hermoso del mundo”, informa Terra, se produjo en la madrugada de hoy en la clínica Shaio de Bogotá, institución en la cual había sido ingresado de urgencia por padecer “dolor epigástrico y toráxico, y sensación de ahogo”.

Según el comunicado oficial que emitieron las autoridades del mencionado centro de salud, “en la sala de urgencias, tras diagnosticarse infarto, el paciente presentó una descompensación súbita con complicaciones respiratorias y taquicardia”, tal como recoge Vanguardia.com.

Una vez que los medios de comunicación comenzaron a difundir la triste noticia, fueron varias las personalidades que quisieron despedir de forma pública a este reconocido exponente del mundo de las letras.

El ex presidente Belisario Betancourt fue una de las figuras que lamentó la pérdida del “rey del diálogo” por ser un hombre “de robusta humanidad que construía y reconstruía situaciones del ámbito popular de forma admirable”, mientras que Marta Sáenz Correa, la Gobernadora de Córdoba, se mostró sorprendida por lo ocurrido ya que, según confió, el próximo viernes 11 iba a reunirse con él en calidad de anfitrión del homenaje que la región había planeado para celebrar el Día del Periodista.

Cada vez que la muerte arranca de este mundo a un ser humano surge en su entorno una lógica y hasta inevitable expresión de dolor, pero cuando el que parte es un escritor, al menos queda el consuelo de saber que su esencia se mantendrá siempre viva en las obras dejadas. En este caso, hay que decir que se extrañará a partir de ahora la presencia física de David Sánchez Juliao, aunque su energía permanecerá intacta gracias a su valioso legado literario.