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martes, 22 de febrero de 2011

Falleció el escritor e historiador José Iturriaga, último gran hombre del siglo XX mexicano. Iba a cumplir 100 años el mes de abril.



Familiares, amigos, intelectuales y funcionarios públicos acudieron a las exequias de ese notable humanista y ex servidor público, quien destacó por sus amplios conocimientos en historia, filosofía, economía, derecho, antropología, literatura y crítica de arte, además de su faceta como maestro aunada a su generosidad y calidez.

Si bien hace 17 años mudó su domicilio a Coatepec, Veracruz, el deceso ocurrió a consecuencia de un paro respiratorio, informó Yuriria Iturriaga, una de los cuatro hijos que el ex embajador en la desaparecida Unión Soviética y en Portugal procreó con su esposa María Eugenia de la Fuente.

El gobierno de la ciudad de México, mediante la Autoridad del Centro Histórico, con el apoyo de la Universidad Nacional Autónoma de México, le rendirá un homenaje de cuerpo presente el lunes próximo, a las 13 horas, en el Anfiteatro Simón Bolívar del Antiguo Colegio de San Ildefonso, anunció el director general del Fideicomiso del Centro Histórico, Inti Muñoz.

Este acto responde a que el notable intelectual mexicano, además de ser uno de los precursores del concepto Patrimonio de la Humanidad, adoptado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), fue uno de los principales artífices del rescate y la denominación del Centro Histórico de la Ciudad de México, tarea a la que dedicó más de tres décadas.

Al término de la ceremonia, sus restos serán inhumados en el Panteón Jardín, si bien, al cierre de esta edición, se manejaba de manera extraoficial la posibilidad de un homenaje más, en el Palacio de Bellas Artes.

José Iturriaga nació el 10 de abril de 1912 en la capital de la República. Antes de ingresar al servicio público, en el que se desempeñó durante 30 años como subdirector en Nacional Financiera, además de la diplomacia, ejerció desde muy corta edad más de 60 oficios, entre ellos limpiabotas y minero.

Contemporáneo de escritores como Andrés Henestrosa, el intelectual publicó una veintena de títulos y fue galardonado con las medallas Belisario Domínguez, otorgada por el Senado de la República, y Adolfo Ruiz Cortines, por el congreso veracruzano, así como la Medalla al Mérito de la Universidad Veracruzana.

Tres son los principales legados que familiares, amigos y discípulos le reconocen. Por un lado, su intachable honradez como servidor público (paradigma de la ética, dijo Guillermo Tovar de Teresa); por otro, su generosa tarea como formador de varias generaciones que han destacado en diferentes ámbitos de la vida nacional y, finalmente, su amor por la patria y su orgullo de servirla.

Su principal legado es el principio del funcionario honesto, incorruptible; de servir a la nación y no servirse de ella. Siempre pregonó que fuéramos honestos, porque de esa manera habría un pillo menos en el mundo. Una de sus principales herencias es, pues, la moral pública, resaltó Yuriria Iturriaga.

“Fue un juarista recalcitrante; Juárez fue siempre su modelo. Le parecía muy importante la cultura, la historia de la cultura y la historia en general de todo lo que es un pueblo.

Para él era muy importante también el patrimonio cultural. Incluso es uno de los precursores del concepto Patrimonio de la Humanidad, adoptado por la UNESCO, y fue autor autor de una expresión que se volvió mundial: Centro Histórico.

En tanto, Gabriel y José Iturriaga, también hijos del humanista, recordaron como éste gustaba de pregonar la máxima somos lo que hacemos, y consideraron que la principal herencia de su padre es el respeto y el amor por el país, además de su vocación por compartir sus amplios conocimientos.

Fue un gran luchador por las mejores causas de México; por que el país se mantenga independiente ante los embates del exterior, y que forjemos mexicanos bien preparados, dijeron.

Nunca dio cátedra en la universidad, pero formó a muchas generaciones de las que salieron algunos de los que nos han gobernado. Su mayor legado fue enseñarle a los jóvenes que hay que luchar por la patria, defenderla y que se preserve como nación independiente. A sus hijos, que somos ateos, nos decía que nuestra religión era la patria.

Amigo cercano de don José, Carlos Payán, por su parte, consideró que con el deceso de Iturriaga murió el último republicano, además de que se pierde a un ser humano extraordinario y generoso, comprometido con las mejores causas y con un fino sentido del humor.

Fue, probablemente, uno de los primeros investigadores que trabajaron en Washington los archivos sobre las relaciones de México con Estados Unidos; publicó todo lo que encontró, señaló el director fundador de La Jornada. Trabajó muchas veces en la administración pública; era un hombre sabio de la política mexicana.

De acuerdo con el historiador Guillermo Tovar y de Teresa, José Iturriaga siempre vio por el país más que por sus propios intereses, además de que sacrificó mucha de su obra por su tarea como maestro.

Sabía de México todo: no sólo tenía gran conocimiento del pasado, sino un gran sentido del presente. Era un hombre tan cálido como lúcido, uno de esos personajes que no debemos olvidar, porque son ejemplo que sirven de referente en los planos humano, ético e intelectual.

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