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viernes, 15 de mayo de 2020

Escritores ¿enemigos entre sí? © Ivette Durán Calderón



© Ivette Durán Calderón

El autor italiano Claudio Magris, en su análisis acerca de los escritores que
intentan demeritar la obra de sus colegas mediante dardos envenenados, califica tal actitud como “vilipendios endogámicos”. No hace alusión alguna a sí mismo, pero sin duda fue un mensaje a la vez directo, como subliminal a sus gratuitos detractores. Es decir, a los gratuitos detractores de cualquier escritor. Atribuía tales vilipendios a una especie de narcisismo exasperado del escritor atacante, quien entiende su obra como la única joya capaz de ser elogiada, el típico escritor que anda autoelogiando su trabajo y subestimando e los demás. Es en estos casos cuando aplica el dicho: "Alabanza en boca propia, es vituperio"

Claudio Magris (1939) además de escritor, es traductor y profesor de la Universidad de Trieste. Todo un gran personaje y autoridad literaria.
El tallo entre las piedras, entre sus muchas obras, es un libro muy interesante, ya que reúne artículos y ensayos publicados por primera vez en español de Claudio Magris, lo cual revela su necesidad apasionante de escribir sobre sus vivencias y acerca de las personas que fue conociendo durante sus viajes, principalmente autores de países como Australia, Argentina y México.
Al referirse a Jorge Luis Borges, Magris afirma: “Creo que esta forma de escribir, valiéndome de ecos y resonancias, que a menudo distingue a mi estilo, es muy borgeana”.
Cuando habla de su país, es un convencido de que crecer en Trieste significa vivir en una ciudad de papel, cubierta por la literatura donde se acostumbra a soportar, pero también a amar y gozar del mundo.

Para referirse al mundillo de los escritores, escribió Literatura y veneno. Cuando los escritores destruyen a sus colegas, para sacar a la luz las mezquindades que se vén el el trasfondo de cada libro, de cada verso y que el lector rara vez o casi nunca lo percibe. Y es que los escritores también somos de carne y hueso, vivimos, sentimos, odiamos y amamos, unos más que otros, como en cualquier otro oficio. El autor italiano explica con rotunda firmeza que las rivalidades entre artistas revelan una singular torpeza de juicio o una pálida y pueril envidia, incapaz de controlarse o enmascararse.

El libro en cuestión, también incluye textos sobre grandes figuras literarias como Hermann Broch, Elias Canetti, William Faulkner, Robert Musil, Ernesto Sábato y Fedor Dostoievski.

Por su intemporalidad, ofrezco al lector tan singular análisis:

Literatura y Veneno

 Cuando los escritores destruyen a sus colegas
Claudio Magris

Según Brecht, Baudelaire es un poeta pequeño burgués cuyas palabras son como chaquetas usadas que han sido recicladas; mientras que para Tolstoi, las sensaciones evocadas en su lírica no le pueden interesar a ningún hombre sano. Brecht, por otra parte, es definido por Ionesco como un didascálico y estúpido creador de personajes acartonados y por Döblin como un romántico anticuado. Proust es liquidado con un sólo término, “patrañas”, por Beckett, y éste último es etiquetado a su vez como inútil epígono de Maeterlinck por Arno Schmidt. Para Voltaire, Homero es aburrido; y Joyce es un mediocre para Benn, Lawrence, Virginia Woolf, Pound y muchos otros. Nabokov considera una nulidad a Mann, Conrad, Cervantes, Camus, Eliot y Pound; la Divina Comedia, para el expresionista alemán Albert Ehrenstein, es la obra escolar, cerebral, pesada y sádica de un poeta musical, pero monótono. La lista podría seguir hasta donde se quiera.

Los poetas insultan a los poetas —como dice el título de una antología de tales injurias compilada en alemán por Joerg Drews— con una ferocidad que difícilmente se verifica en las rivalidades rabiosamente existentes, como es obvio, también en otros campos, desde el político hasta el empresarial y el comercial. Los juicios de muchos grandes artistas sobre sus colegas revelan una singular obtusidad de juicio o una pálida y pueril envidia, incapaz de controlarse o de enmascararse. El artículo de Drews —pero no sólo este— muestra el escenario literario (y en general el artístico) como una arena de mezquindades y de rencores que parece exaltar a la enésima potencia las mezquindades y los rencores, la falta de amor, de generosidad y de liberalidad existentes en todo consorcio humano: en la familia, en la oficina, en el mercado y en el partido político. Este mezquino y faccioso desconocimiento del otro —que con tanta frecuencia le tuerce de envidia la boca a escritores que incluso, en otras circunstancias, han proferido grandes palabras de humanidad— a veces se justifica con la necesidad, para un artista, de afirmar su visión y representación del mundo negando aquellas, diversas o antitéticas, que podrían contraponerse a la suya, metiéndola en dificultades o por lo menos en discusión. Una gran obra clásica y armoniosa puede poner en crisis al autor de una gran obra fragmentaria y secular, poner en duda su legitimidad y, por lo tanto, empujarlo a rechazar sectariamente esa obra clásica, así como también puede suceder lo contrario. En tal caso, el juicio es descabellado, pero su unilateralidad se mueve desde un sufrimiento, desde una exigencia creativa, que no lo justifican pero lo explican y le confieren una humana dignidad. Conrad o Hamsun obviamente se equivocaron en censurar a Dostoievski y a Ibsen, pero se puede entender por qué tuvieron necesidad de hacerlo.

Sin embargo, todavía es más frecuente que estos vilipendios endogámicos, internos a la corporación, revelen un origen menos noble: un narcisismo exasperado, una pretensión celosa por ser el único dios creador que se pueda adorar, y una penosa inseguridad, que advierte todo homenaje que se le rinde a otro como un hurto y un atentado a la propia necesidad de ser amado y aceptado. En este sentido, los consumidores de arte —lectores, escuchas, espectadores— son mucho más libres y generosos (más poéticos que los productores de las obras que ellos aman y admiran, porque, en su sano politeísmo artístico, saben muy bien que amar a Mozart no significa quitarle nada a Beethoven y que se pueden y se deben amar a la vez a Brecht y a Baudelaire, a Proust y a Beckett. Como en la casa del Padre, según el proverbio de la Escritura, también en la casa del arte —de todo arte— existen muchas moradas y es lícito frecuentarlas y habitarlas todas sin agraviar a ninguna. Pero el poeta, que por una parte es mensajero y portador tan alto de humanidad, de poesía, a menudo parece someterse al más innoble de los vicios, la envidia: envidia que, a diferencia de los otros pecados capitales, no es el desorden de un impulso per se bueno (como la lujuria lo es del amor y del sexo o la soberbia del respeto a sí mismos), sino es per se completa y únicamente mal y negación, disgusto ante la visión de una alegría de los otros que no nos quita nada y debería alegrar a todos, porque la existencia de Ana Karenina es un enriquecimiento incluso para quien escribió Los Buddenbrook o El proceso. ¿El poeta, no como hombre que acaso se equivoca aunque siempre con magnanimidad, como lo quiere la retórica corriente, sino más bien como pecador mezquino, miserable y envidioso; ya no como sensual trasgresor o prometeico rebelde?

Los premios literarios, con sus batallas al interior de la rosa de los premiados, procrean odios y bajezas que al compararlas, las pugnas políticas y económicas, incluso las criminales, muestran un espesor más peligroso pero más digno de respeto. El narcisismo de los artistas se revela a menudo inhumano y mísero, como bien lo sabía Thomas Mann; no es casualidad que, entre los hijos de los grandes, los más infelices y lesionados en su propia persona sean los hijos de muchos artistas, evidentemente descuidados por sus padres no por meras exigencias de trabajo (como en el caso de los políticos, de los empresarios o de los marineros, siempre en viaje y poco en casa, pero no por esto poco afectuosos con su familia) sino por un frecuente y sustancial desinterés afectivo de los padres dedicados a las Musas. La intolerancia del artista —incluso aclamado—, ante las alabanzas que se le rinden a un colega suyo, revela cómo el artista está, a la par y acaso más que otros, obsesionado por el mecanismo de la competencia y por el temor de que cualquier éxito de un producto de los otros actúe en detrimento de su producto. No por casualidad, los insultos literarios más corrosivos son dirigidos a colegas contemporáneos activos en el mercado del espíritu y del dinero. Hace años, un escritor que yo apreciaba y sobre el cual escribí con entusiasmo, se ofendió profundamente conmigo porque yo también había escrito, con pasión, sobre otro escritor, y me dijo explícitamente que, en la ciudad en la que vivía, solamente había lugar para un escritor y no para dos y que, por lo tanto, mi artículo, en el que enaltecía al otro, lo había dañado. Incluso esta anécdota es sólo un ejemplo entre muchos, demasiados, que se podrían citar.

Quizá uno de los muchos aspectos del mysterium iniquitatis del que habla la Escritura también es la frecuente y desconcertante contradicción frente a la cual nos ubica el arte y los artistas. Por un lado, a sus creaciones les debemos revelaciones altísimas de humanidad, que no sólo nos han hecho comprender intelectualmente sino vivir concretamente, casi físicamente, los sentimientos, las elecciones, los valores de la existencia; gracias a ellas realmente sabemos lo que es el amor, la valentía, la fidelidad, la bondad, la pasión erótica, la piedad, el delirio, el miedo, la traición, la infamia, la exigencia de justicia y de verdad, la búsqueda o el rechazo de Dios.

Por otro lado, a menudo, el artista, casi como si realmente hubiese sido invadido por un dios que habla a través de él como lo quiere el mito, está entre los primeros en olvidar o en violar esa humanidad que le ha hecho descubrir a los otros. Goethe escribe la tragedia de Margarita y luego vota por la condena a muerte de una muchacha que tuvo un destino análogo; en Muerte a crédito, Celine presenta, genialmente, al antisemitismo como una villana imbecilidad, pero más tarde, paradójicamente, lo hará suyo; la lista, también en este caso, es larga. Nos gusta considerar a los escritores cual custodios de lo universal-humano —violado con mucha frecuencia por la política—; pero, por ejemplo, en la guerra que disgregó a Yugoslavia, fueron a menudo los escritores los que incitaron al más salvaje de los odios nacionalistas. Ni Pirandello, que se adhiere al fascismo inmediatamente después del asesinato de Matteotti; ni los escritores franceses que viajan a Moscú para asistir devotamente a la “Misa roja”, o bien, a las ejecuciones stalinistas de muchos de sus compañeros comunistas acusados de desviación; son un ejemplo recomendable de humanidad. Platón sabía que sólo la divina manía del arte expresa la esencia de la vida y de la verdad vivida, pero expulsaba a los poetas de su Estado ideal. Esa condena es injusta, potencialmente totalitaria, y es rechazada, pero de vez en cuando resulta necesario volver a ajustar cuentas con ella, con la verdad que ella, retorciéndola, contiene. La poesía no está llamada a subordinar la existencia a su significado más alto que la trasciende, como lo hace la filosofía. La manía —recuerda Livio Garzanti en su fascinante Amare Platón— “produce sueños que la razón, cuando se despierta, debe interpretar”. La poesía está llamada a expresar la verdad de la existencia, que también es brusca, imperfecta y cruel; a expresar el contradictorio corazón del hombre, en el que hay magnanimidad, pero también bajeza, vanidad y maldad.

El arte ilumina a fondo estas contradicciones y para hacerlo está obligada —o naturalmente llevada— a identificarse con ellas, incluso con las peores; a mimar esa realidad mundana que para Platón es ya mimesis engañosa de lo verdadero, de lo que, por lo tanto, la poesía es mimesis al cuadrado. Doblemente falaz, por lo tanto, pero también necesaria para la verdad, porque es reveladora de ese mundo de sombras, que el hombre ve en la platónica caverna y que sólo son ilusorias sombras, pero, en cuanto tales, compañeras de toda la existencia humana. El Yo poético mismo se siente incierto como una sombra; el escritor deviene su propio ghost writer, como en la reciente y original novela de Ermes Dorigo Il finimento del Paese.

El espíritu del hombre, se dice en el Fedro, es portado hacia lo alto y lo verdadero por un caballo; y arrastrado hacia lo bajo de sus propias miserias por otro. Quizá la función de todo arte, a diferencia de la filosofía o de la religión, es la de narrar y representar lo que le sucede al caballo que nos lleva hacia abajo, o mejor dicho, a nosotros, cuando lo dejamos con la brida suelta y lo seguimos, no sólo en desordenadas pero fuertes pasiones, sino también en vanas enconadas —también en las envidias que testimonian esos insultos entre poetas, quizá inevitables en la debilidad humana. Lo que no quita que definir “burdo” al Quijote, como lo hace Nabokov, es un craso tropezón.

 Traducción de María Teresa Meneses.



viernes, 3 de abril de 2020

Gabriel Matzneff, su pasado pedófilo se convierte en presente.


©Ivette Durán Calderón

De víctima a escritora. El silencio se rompió finalmente, cuarenta largos años de temor, pero no de olvido. Francesca Gee prepara un libro para hablarnos acerca de su victimario, un renombrado escritor que se sintió protegido por la misma sociedad y por su entorno de pseudo intelectuales. Hoy vive esperando su final, autoexiliado, repudiado y despojado de los honores recibidos,  Gabriel Matzneff, escritor francés, ganador de los premios Mottard y Amic de la Academia Francesa los años 1987 y 2009, respectivamente; asimismo el Prix Renaudot en 2013 y el Prix Cazes en 2015. Ninguna gloria es duradera cuando el pasado se convierte en presente.
Norimitsu Onishi, escritor japones canadiense, nos ofrece la historia desde una perspectiva humana, actual, haciendo, tal vez sin buscarlo, justicia social. Onishi fue miembro del equipo de informes de The New York Times  que recibió el Premio Pulitzer 2015 (por la presentación de informes internacionales por la cobertura de la epidemia del virus Ébola 2014 en África occidental), asimismo el año 2018 destacó un articúlo suyo sobre las muertes solitarias de ancianos en Japon (Una generación den Japón enfrenta una muerte solitaria) el cual le valió la nominación como Premio Pulitzer 2018. Su sensibilidad periodística en temas profundamente humanos una vez más destaca y sorprende.

La víctima de un escritor pedófilo, silenciada desde hace tiempo, por fin cuenta su historia. 
Por Norimitsu Onishi*
En 1983, Francesca Gee estaba paseando con una amiga un día de finales de otoño en París cuando vieron una nueva librería. Mientras veían el aparador, su amiga de pronto señaló la parte de abajo de la ventana.
“¡Mira, eres tú!”.
El rostro de Gee la miraba desde la portada de una novela, “Ivre du vin perdu” (“Ebrio del vino perdido”), de Gabriel Matzneff, escritor y defensor de la pedofilia.
Una década antes, a sus 15 años, Gee había estado en una relación traumática de tres años con Matzneff, un hombre mucho mayor. Ahora estaba usando su rostro adolescente en la portada de la novela y sus cartas en sus páginas sin haberle preguntado si podía hacerlo ni informarle nada al respecto, comentó.
Durante décadas, a pesar de las protestas de Gee, Matzneff usó sus cartas para justificar la pedofilia y lo que describía como las grandes aventuras románticas con chicas adolescentes, siempre respaldado por miembros de la élite literaria, mediática, comercial y política de Francia.
Los libros de Matzneff fueron patrocinados por algunas de las editoriales más prestigiosas de Francia, incluyendo Gallimard, que publicó “Ivre du vin perdu” durante casi cuatro décadas con la misma portada, usando el rostro de Gee para promover el tipo de relación que ha marcado de por vida a algunas de las víctimas de Matzneff.
Me persigue esa imagen mía, que es como un doble malévolo”, comentó Gee.
Su caso era el de una mujer incapaz de contar su propia historia… hasta ahora.
Gee, de 62 años, contactó a The New York Times tras la publicación de un artículo que describía cómo Matzneff tuvo relaciones sexuales con chicas adolescentes y niños prepúberes durante décadas y escribió al respecto de manera abierta.
A pesar de sentirse angustiada por su decisión, Gee, quien tuvo una carrera como periodista y habla inglés, francés, italiano y español de manera fluida, acabó con su silencio de 44 años en una serie de entrevistas a lo largo de dos días en el suroeste de Francia, donde vive.
Esa decisión se vio facilitada por un reciente cambio cultural en Francia.
Matzneff se convirtió en un escritor de renombre en la década de 1970, cuando algunos intelectuales franceses consideraban que la pedofilia era una forma de liberación de la opresión paterna. Aunque esas opiniones dejaron de ser favorecidas en la década de 1990, continuó publicando y prosperando hasta fines del año pasado.
Sin embargo, en el último par de meses, lo acusaron de promover el abuso sexual de niños, le quitaron los honores que le había otorgado el Estado y dejó de trabajar con sus tres editores.
Gallimard dejó de vender la novela con la imagen de Gee en la portada en enero, después de la publicación de “Le consentement” (“El consentimiento”), el primer recuento de una de las víctimas menores de edad de Matzneff, Vanessa Springora.
“Le consentement” convirtió al renombrado Matzneff en un paria social de la noche a la mañana. Se fue a esconder a Italia, y sus antiguos simpatizantes, que pertenecen a la élite francesa, se han distanciado rigurosamente de él o lo han eliminado de sus círculos.
Gee dijo que, cuando escuchó de la publicación de “Le consentement”, se sintió “eufórica” de que la “Vanessa” de los libros de Matzneff —alguien a quien nunca había conocido, pero a quien siempre había considerado como una hermanita— estuviera alzando la voz.
“Ella hizo lo que debía, y ya no tengo que preocuparme más por eso”, recuerda haber pensado Gee. “Sin embargo, en una semana o dos, me di cuenta de que desempeñé un gran papel en esa historia”.
De hecho, casi dos décadas antes de que “Le consentement” sacudiera a Francia, Gee intentó contar su historia en 2004, sin éxito. Escribió un manuscrito en el que, al detallar su relación con Matzneff, lidió con algunos de los mismos temas y usó el mismo vocabulario que aparece en “Le consentement”.
Sin embargo, ningún editor aceptó su manuscrito.
En Albin Michel, una de las principales editoriales, un editor pareció dispuesto a publicarlo, pero, cuando llevó el manuscrito de Gee ante un comité, terminaron por rechazarlo.
En la carta de rechazo, el editor, Thierry Pfister, explicó que algunos de los miembros del comité habían expresado sus reservas, señalando que Matzneff era parte de “Saint-Germain-des-Prés”, como se le conoce a la industria editorial francesa concentrada en ese vecindario de París.
“En ese entonces, Matzneff no era el hombre viejo y aislado que es hoy”, comentó Pfister, que ya no trabaja en Albin Michel. “Aún estaba en París con su red, sus amigos”.
Tomamos la decisión de no enfrentarnos a ese grupo”, recordó. “Había más pérdidas que ganancias. Yo hablé a favor de ella. Los demás no estuvieron de acuerdo conmigo”.
La red de simpatizantes de Matzneff era sorprendentemente vasta.
En 1973, cuando Gee tenía 15 años y Matzneff 37, un amigo del escritor le presentó a una ginecóloga que aceptaba recetarles píldoras anticonceptivas a chicas menores de edad sin la autorización de sus padres, lo que en ese entonces era un delito.
En su diario de ese periodo, “Élie et Phaéton”, Matzneff escribe que la ginecóloga, Michèle Barzach, “en ningún momento sintió la necesidad de reprender al hombre de 37 años y su amante de 15”.
Gee dijo que vio a Barzach una media docena de veces a lo largo de tres años, siempre acompañada de Matzneff.
“La llamaba, hacía una cita e íbamos”, recordó. “Se quedaba en la sala de espera mientras estaba con ella. Y después entraban, hablaban y le pagaba”.
En sus otros diarios, Matzneff escribe que Barzach fue durante años la ginecóloga de cabecera con la que llevó a las chicas menores de edad con las que salió después de que él y Gee se separaron en 1976.
Barzach, que también era psicoanalista, fue ministra de Salud de Francia de 1986 a 1988, durante el gobierno del presidente François Mitterrand.
De 2012 a 2015, fue la directora de UNICEF en Francia, la agencia de protección infantil de las Naciones Unidas. Citando motivos de privacidad, UNICEF se rehusó a proporcionar los detalles de contacto de Barzach, que ya no trabaja ahí. Barzach no respondió a una solicitud de entrevista que UNICEF dijo que le habían enviado.
‘¿Amor o toma de rehenes?’
Durante décadas, Matzneff afirmó que sus relaciones con chicas menores de edad les fueron de ayuda el resto de sus vidas. Su iniciación en el arte, la literatura, el amor y el sexo, con un hombre mayor, las había dejado más felices y más libres, señaló.
Esa afirmación, que han repetido sus simpatizantes, no se cuestionó sino hasta la publicación en enero de “Le consentement”, en el que Springora escribe que su relación con Matzneff, que inició a sus 14 años, la dejó con problemas psicológicos durante décadas.
En su manuscrito no publicado de 2004, Gee describió su relación con el autor como un “cataclismo que me destrozó cuando tenía 15 años, y eso cambió el curso de mi vida”, dejándola “avergonzada, amargada y confundida”.
Empleando los mismos métodos que más tarde utilizaría con Springora, Matzneff ejerció su control sobre la chica adolescente. La aisló y le prohibió que socializara con amigos de su edad.
Movió influencias políticas para hacer que transfirieran a Gee a una preparatoria cerca de su casa, y presumió al respecto en sus diarios. Después adoptó la costumbre de esperar a Gee afuera de su nueva preparatoria, Lycée Montaigne, al lado de los Jardines de Luxemburgo.
“Iba todos los días para asegurarse de que todos entendieran que nadie debía intentar nada conmigo”, recordó Gee. “Era un lugar muy específico donde simplemente se quedaba parado esperándome”.
Gee hace poco se reunió con uno de los detectives que comenzó a investigar a Matzneff y a sus simpatizantes tras la publicación de “Le consentement”. Después de que detalló su relación con Matzneff durante una reunión de cinco horas en París, el detective describió la situación como una “toma de rehenes”, cuenta Gee.
Atrapada en sus historias
Gee cumplió 18 años en 1976 y, tras varios intentos desesperados, finalmente pudo volverse cada vez más crítica con Matzneff y liberarse de su control. “Básicamente, estaba creciendo”, comentó.
Sin embargo, siguió siendo rehén durante décadas, atrapada en su narrativa y el uso que les dio a sus cartas.
Animada por Matzneff, Gee había escrito cientos de cartas románticas y sexualmente explícitas durante sus tres años juntos.
Él publicó algunas de ellas en 1974, sin su autorización, en su feroz defensa de la pedofilia “Les Moins de Seize Ans” (“Los menores de dieciséis años”). Ofrecía esas cartas, según escribió en otro libro titulado “Les Passions Schismatiques”, como prueba de que “una relación amorosa entre un adulto y un niño podía ser muy fructífera, y la fuente de una plenitud de vida”.
Gee dijo que las palabras en las cartas eran las de una adolescente manipulada por un hombre que tenía la edad de sus padres. Sus cartas también se usaron en “Ivre du vin perdu”, la novela cuya portada tenía una ilustración suya.
Ahora considero que fui extorsionada con las cartas y que las usaron como un arma en mi contra”, comentó Gee.
Fue en 1992 que contactó a Matzneff y le exigió que dejara de usar sus cartas y se las devolviera. Al final, él le envió un montón de fotocopias, una colección seleccionada cuidadosamente que excluía su correspondencia negativa.
Una década más tarde, en 2002, fue Matzneff quien le escribió para pedirle, por primera vez, su permiso para usar viejas fotografías suyas en un libro. Con la tinta azul turquesa que siempre usaba para escribir sus cartas, Matzneff ofreció identificar a la adolescente como “la joven que inspiró al personaje de Angiolina en ‘Ivre du vin perdu’”.
Gee no solo se rehusó, sino que también volvió a pedirle que en sus libros no aparecieran sus cartas y que quitaran su rostro de la portada de “Ivre du vin perdu”. También exigió que eliminaran tres fotografías viejas suyas de un sitio web dedicado a Matzneff y creado por un admirador, Frank Laganier. Gee comentó que las fotografías fueron eliminadas siete años después, en 2010, después de que siguió ejerciendo presión.
Laganier, que ahora vive en París, rechazó las solicitudes para hacerle entrevistas. Su abogado, Emmanuel Pierrat —que representa a Matzneff en un caso de pedofilia y es un antiguo simpatizante del escritor— rechazó ser entrevistado.
En 2004, Gee comenzó a prepararse para demandar a Gallimard, la editorial de “Ivre du vin perdu” y “La passion Francesca”, el diario que Matzneff escribió sobre su relación, pero no siguió con el proceso debido a los grandes costos legales. Gallimard no respondió a las solicitudes de entrevistas; Antoine Gallimard, director de la editorial, no respondió a una solicitud de entrevista enviada a su correo electrónico.
Sin poder detener a Matzneff, Gee tampoco podía contar su propia historia.
En una entrevista reciente en la costa de Liguria, en Italia, donde ha estado escondiéndose, Matzneff dijo que, si Gee lo llamara mañana, estaría feliz de verla.
En cambio, a Gee le encantaría que dejaran de recordárselo. En un libro publicado en noviembre pasado, más de cuatro décadas después de que lo dejó, Matzneff la mencionó, por lo menos, una decena de veces. Actualmente, Gee está trabajando en un nuevo manuscrito acerca del escritor.
Daphné Anglès y Constant Méheut colaboraron con el reportaje.
© The New York Times 2020
* Periodista japonés canadiense. Es el Jefe de la Oficina de París para el New York Times

domingo, 3 de noviembre de 2019

Crónica melancólica, recordando a Leonardo Padura ©Ivette Durán Calderón


©Ivette Durán Calderón

Escritor, periodista y guionista cubano, conocido por sus novelas policiacas del detective Mario Conde y por la novela El hombre que amaba a los perros. Su último libro: Agua por todas partes.

Después de la revolución, "la gran desilusión". Padura, uno de los escritores cubanos más famosos del mundo, relata desde hace 30 años la desilusión de una isla que nunca quiso abandonar.



Leonardo Padura, cronista de la "gran desilusión en Cuba"

©Cristophe Parayre*AFP

"Mi generación nación en esa ilusión de utopía y después sufrió una gran desilusión, un gran desencanto", explicó a la AFP el novelista de barba blanca. Nacido en La Habna en 1955, cuatro años antes de la revolución de Castro, creó en 1990, justo después de la caída del Muro de Berlín, el personaje de Mario Conde, un inspector alcohólico y melancólico. 
El país se vio muy afectado por la desaparición de la URSS y sus aliados comunistas, con una terrible escasez de alimentos. La melancolía de Conde está justificada históricamente, él creció en el mundo en el que creíamos que la utopía era posible. O porque éramos muy creyentes o porque estábamos muy engañados. Pero pensábamos que ese mundo de igualdad, de solidaridad, era posible" "La sociedad igualitaria ya no existe" "El sistema económico y la forma de estructura política cubana no ha cambiado. 
Pero la sociedad igualitaria que existió hasta el año 1989 ya no existe", señala el Premio Princesa de Asturias de Letras 2015. "En estos momentos, es una sociedad que socialmente se parece a cualquiera otra sociedad del mundo. Los que tienen dinero viven mejor que los que no lo tienen, incluso si tienes dinero no puedes comprar ciertos bienes", añade. 
"Es una sociedad muy peculiar. Pero la diferencia entre los más pobres y los más privilegiados no es abismal como en el resto de América Latina", estima el autor de "El hombre que amaba a los perros" (2009) sobre el fin de la utopía comunista contada a través del asesinato de León Trotski.  
Si bien Cuba pasa gradualmente la página de los hermanos Castro, sin dejar atrás al socialismo y al partido único, es difícil predecir el futuro de la isla: "ningún cubano tiene la respuesta". "Los políticos te darán una respuesta política "vamos a resistir y vamos a vencer", pero en realidad es muy difícil poder hacer un pronóstico de cuál va a ser el futuro de Cuba dentro de 5, 7 o 10 años. Sin embargo, la sociedad está cambiando más rápido que las instituciones. 
La llegada del internet móvil 3G hace casi un año fue una pequeña revolución, que empujó a muchos cubanos a expresarse en las redes sociales. Vivir en Cuba  "Durante muchos años se manejó y luego se controló el acceso a internet y todo el universo digital. Hoy en día los más jóvenes viven en ese planeta de internet, facebook, instagram, y eso los hace pensar y comportarse de una manera diferente, en Cuba y en el mundo completo".
 A pesar de las dificultades, para él es inimaginable abandonar su barrio, Mantilla, su ciudad, La Habana, y su país, Cuba. "Yo pago un precio por vivir en Cuba y escribir lo que escribo desde Cuba. La difusión de mi obra en Cuba es mucho menor que en muchas otras partes del mundo. Yo hago en el año un promedio de 200, 250 entrevistas y de esas 5 me las hacen en Cuba, en medios alternativos, casi nunca en medios oficiales".
"Nunca salgo en la televisión, ni en periódicos, soy un poco invisible en Cuba. Pero (las autoridades) no me molestan. Me dejan escribir y par mi lo más importante no es ser una figura pública, sino un escritor que escribe", asegura el novelista que desde sus inicios denuncia el "abuso de poder, la corrupción, la persecución de los homosexuales". 
"Yo hace muchos años que tomé la decisión consciente de que quería vivir y escribir en Cuba. Porque en otro lugar estoy seguro que no hubiera podido hacer la obra que he escrito. Yo tengo un fuerte sentido de pertenencia a la realidad cubana, a la ciudad de la Habana. Yo soy un escritor cubano que quiere escribir sobre Cuba".



domingo, 28 de julio de 2019

La importancia del Prólogo de toda obra literaria. ©Ivette Durán Calderón





La responsabilidad de presentar una obra, recomendarla, resumirla y presentarla como lectura atractiva, útil o necesaria, es muy grande para todo prologuista. Demanda una actitud mental altamente positiva que lo conduzca a circunscribirse dentro de los límites señalados por los cánones para cumplir con ese gratificante, aunque no siempre fácil cometido.
Un prólogo debe ser, al mismo tiempo, una breve síntesis de la obra, una sincera crítica no detallada del contenido que refleje la personalidad y estilo del autor.
Muchas veces se puede correr el riesgo de escribir un nuevo capítulo e introducirlo como
parte de la propia obra. Por otro lado, el riesgo también es permanente al prologar de manera superficial e irresponsable halagando, más que analizando la obra.
Etimológicamente, la palabra prólogo registra su origen en el griego πρόλογος, traducido como “prólogos”, “pro” = antes y “logos” = palabra, refiriéndose literalmente al que habla antes; tomemos en cuenta que se aplicaba al breve discurso o dichos de alguno de los actores de la comedia griega, quien, al salir al escenario, antes que el resto, recitaba la introducción al desarrollo de la obra.
Con el paso del tiempo y sin que medie regla específica, se fue imponiendo el prólogo como un texto de presentación explicativo escrito con estilo literario propio del prologuista, generalmente por su prestigio o conocimiento del tema en cuestión, de ese modo se agrega a la obra mayor objetividad. Muchas veces se recurre a la fama y nombre de un buen autor consagrado o en su ausencia, será el propio autor quien se ocupe del prólogo para no desmerecer la oportunidad de introducir y captar la atención de sus potenciales lectores.
Tóme en cuenta el autor, que para solicitar la prologación de su obra, debe considerar que ésta deberá ser leída, analizada y contrastada antes de emitirla, lo cual implica tiempo, dedicación y esfuerzo.
 Antes de conceptualizar la palabra prólogo, resulta más beneficioso ejemplificarlo, para ello recurrimos acertadamente a Miguel de Cervantes Saavedra, autor y prologuista de su inmortal obra Don Quijote. Se reconoce como autor orgulloso de su obra, enfatiza en que el lector no encontrará citas de autores famosos ni sonetos de elogio, asimismo, recomienda al lector que no se abstenga de crítica.
Conviene aclarar al aprendiz de prologuista, que el prólogo se redacta después de concluida la obra, puesto que debe contener una breve síntesis de su contenido, cuando es el propio autor el que lo escribe. En el caso de que sea un tercero el prologuista, además de presentarlo debe criticarlo y recomendarlo.
No es infrecuente confundir el prefacio, preámbulo, proemio, exordio con el prólogo, cabe aclarar que el prefacio y afines, se escriben antes de escribir la obra.
Los prólogos, si bien son importantes no son indispensables, aunque se debe reconocer que ayudan mucho a entender el contenido de la obra, la habilidad del prologuista ayuda mucho.
Las reimpresiones no necesitan reescribir su prólogo, en cambio se debe prever un nuevo prólogo para cada reedición.


domingo, 14 de abril de 2019

Vigencia de los derechos de autor frente a las obras de dominio público ©Ivette Durán Calderón




Ivette Durán Calderón


Ningún país puede dejar al azar la protección de los derechos de autor, particularmente en el ámbito literario. Si bien las circunstancia o condiciones varían de país a país, existe un convenio que establece que el mínimo es de 50 años luego del fallecimiento del autor.

El número de años, fluctúa precisamente a partir de los 50 años, tal es el caso de Alemania, Australia, Brasil, Costa Rica, Estados Unidos Estados, Irlanda, Francia y otros muchos más, la cifra se sitúa en los 70 años. En España varía entre los 60, 70 u 80 años según el año de la muerte del autor. Pero el que más alarga este período es México, que llega a alcanzar los 100 años.


Chile, mantiene 70 años después de la muerte del autor, excepto cuando si al terminar este plazo, existieran cónyuge o hijas solteras o viudas, el plazo se alargaría hasta la fecha del fallecimiento del último de estos familiares. Por otro lado, los documentos oficiales publicados por el gobierno son, en casi todos los países, de dominio público. 


En Alemania existe lo que es conocido como «libertad de panorama». Esta idea consiste en que todos los objetos situados permanentemente en lugares públicos pueden ser fotografiados y usados por el fotógrafo para cualquier fin, así como crear otras imágenes tales como pinturas. Sí que existe una prohibición a la hora de añadir algunas modificaciones en la obra.


Este 2019, nos trae la novedad de la liberación de sus derechos de autor de renombrados autores norteamericanos, británicos y varios de habla hispana


Patricia Chung, nos lo cuenta de esta manera:


El 1ro de enero marcó el día en que las obras de muchos escritores y creadores pasaron a dominio público. Esto quiere decir que pueden ser publicadas por quien quiera. Una gran cantidad de obras protegidas por derechos de autor perdieron su protección y este cambio tendrá enormes consecuencias para las editoriales y los patrimonios literarios, los cuales perderán dinero y el control de la producción creativa
Autores que pasaron a dominio público


La liberación de derechos de autor es beneficiosa para los lectores y para escritores que podrán concebir nuevas obras sobre clásicas historias sin violar la propiedad intelectual. La protección de derechos de autor más habitual después de la muerte del escritor se extiende a 70 años. Así que en 2019 pasan a dominio público las obras de autores fallecidos en 1948.


Por su parte, algunos editores y herederos de los derechos de autor temen que aparezcan ediciones de menor calidad, con errores y erratas tipográficos y de otro tipo. Y también de que se puedan dar trabajos derivados (secuelas, precuelas, versiones) que dañen la esencia de los originales, porque cualquiera puede hacer con ellos lo que quiera.


“Ahora habrá una variedad mucho mayor de libros disponibles y serán más baratos”, señaló Imke Reimers, profesor de Economía en la Universidad del Noreste quien ha estudiado el impacto de los derechos de autor. “Definitivamente, tanto los consumidores como los lectores se van a beneficiar de esto”.


“Finalmente, estos libros pertenecen a la gente”, comentó James L. W. West III, un estudioso de Fitzgerald. “Podemos tener nuevas oportunidades de editar y reinterpretar todos estos textos emblemáticos”.


Los derechos libres implican que cualquier persona puede vender en Amazon una edición digital, de audio o impresa. Los lectores pueden publicar y vender sus propias secuelas y obras derivadas, o difundir propias e irreverentes versiones de monstruos, como el éxito de ventas de 2009, Orgullo y prejuicio y zombis.
Escritores y creadores que pasaron a dominio público en 2019
Autores norteamericanos 
Ernest Hemingway: periodista y novelista. 
Gibran Jalil Gibran: escritor y poeta libanés-americano. 
Howard Phillips Lovecraft: el maestro del horror contemporáneo. 
Zelda Fitzgerald: novelista, pintora y esposa de F. Scott Fitzgerald. 
Edith Wharton: novelista, cuentista, dramaturga y diseñadora. 
Robert Lee Frost y Wallace Stevens: poetas. 
Edward Cummings, escritor, pintor, ensayista, poeta y dramaturgo, 
El puertorriqueño-americano William Carlos Williams, poeta y médico estrechamente asociado con el modernismo. 
Willa Sibert Cather, escritora que logró el reconocimiento de sus novelas sobre la vida en la frontera en Las Grandes Llanuras. 
Autores británicos 
Obras de D. H. Lawrence. 
De Alfred Woodley Mason su más célebre novela: Las cuatro plumas. 
Novelas de Agatha Christie: El asesinato de Roger Ackroyd y Asesinato en el campo de golf. 
De Aldous Huxley: su título Antic Hay. 
De Virginia Woolf: su obra La señora Dalloway. 
Algunas obras de Joseph Conrad autor polaco-británico, uno de los grandes novelistas de la lengua inglesa. 
Sir Pelham Grenville Wodehouse, uno de los grandes humoristas del siglo XX. 
Joseph Rudyard Kipling, periodista, cuentista, poeta y novelista británico. 
Anthony Trollope, novelista inglés de la era Victoriana. 
Autores de habla hispana

En la Biblioteca Nacional de España (BNE) se puede consultar una selección de obras de escritores fallecidos en 1938, disponibles en la Biblioteca Digital Hispánica. El listado, compuesto por 175 autores, incluye ya a nombres como: 
Juan de la Cierva y Peñafiel, abogado y político de la Restauración. 
El dramaturgo Serafín Álvarez Quintero. 
Gonzalo Jiménez de la Espada, orientalista y traductor del japonés. 
Luis López-Ballesteros y de Torres, traductor de las obras completas de Freud. 
La escritora, traductora y periodista María Atocha Ossorio y Gallardo. 
Otros 
Obras del irlandés George Bernard Shaw. 
Del escritor francés Marcel Proust, novelista, crítico, y ensayista, su famosa obra: En busca del tiempo perdido. 
Del neurólogo austriaco y fundador del psicoanálisis Sigmund Freud, su obra El yo y el ello. 
La obra de Kathleen Mansfield Murry, escritora modernista de relatos neozelandesa. 
Caso Gibrán


Apena imprimió 1500 ejemplares sin sospechar que el libro llegaría a vender tan solo en Norteamérica, unas 9 millones de copias.

Penguin publicará 20 mil ejemplares de su edición de El profeta, con una introducción nueva de Rupi Kaur, una poeta canadiense revelación de las redes sociales. John Siciliano, director ejecutivo de Penguin Classics, espera que esto atraiga a un público nuevo para el libro de Gibran.

Otras publicaciones

Las editoriales que se especializan en los clásicos saben que existe una enorme oportunidad para reintroducir las viejas obras. Algunos se han preparado durante décadas para este momento.

Este año, la editorial digital Open Road Media publicará cerca de una decena de obras de 1923 accesibles recientemente, incluyendo libros electrónicos de Caña, de Jean Toomer, El profeta, de Gibrán Jalil Gibrán, El yo y el ello, de Sigmund Freud, El inimitable Jeeves, de Wodehouse y Asesinato en el campo de golf —uno de los primeros enigmas de Hércules Poirot—, de Agatha Christie.

El editor Alfred A. Knopf publicó hace un siglo, un pequeño libro de fábulas espirituales del desconocido poeta y pintor libanés-estadounidense llamado Gibrán Jalil Gibrán.

Penguin también publicará Caña de El editor Alfred A. Knopf publicó hace un siglo, un pequeño libro de fábulas espirituales del desconocido poeta y pintor libanés-estadounidense llamado Gibrán Jalil Gibrán. Toomer y varias nuevas ediciones de obras de 1923. Penguin Classics distribuirá El prisionero, de Proust.

Vintage Classics publicará una nueva edición de New Hampshire, de Frost —la cual contendrá el grabado en madera original y algunos de sus poemas más famosos, incluyendo Stopping by Woods on a Snowy Evening— así como ¿Whose Body?, de Dorothy Sayers y tres nuevas ediciones de las novelas clásicas de Christie.
Sobre los autores que pasaron a dominio público en 2019

Esta legislación sobre derechos de autor incluye a la mayor parte de países europeos. Sin embargo, todo libro escrito antes de 1787 pertenece al patrimonio común, sin excepción; entre ellos, el Cantar de Mío Cid, la Biblia, el Corán, toda la obra de Aristóteles y de Miguel de Cervantes.

Productores de cine y teatro podrá hacer libres adaptaciones de obras para películas y obras musicales sin tener que solicitar los derechos.

A principios del año, Google Books, que tiene escaneadas más de treinta millones de obras en su enorme biblioteca digital en línea, puso a disposición del público ediciones digitales completas de obras publicadas en 1923, entre ellas Tarzán y el león de oro de Edgar Rice Burroughs y Un hijo en el frente de Edith Wharton.

Caso curioso es el del libro El Gran Gatsby. Adelantándose a una avalancha de ediciones nuevas de cuando caduquen los derechos de autor en 2021, los herederos de Fitzgerald y su editorial, Scribner, publicaron recientemente una nueva edición de la novela, con la esperanza de colocarla como la versión definitiva del texto.

Se han vendido unos treinta millones de ejemplares en todo el mundo y siguen vendiéndose más de quinientos mil ejemplares al año tan solo en Estados Unidos.

Sin embargo, en dos años, cualquiera que tenga una computadora podrá publicar un libro electrónico de ese texto o vender historias inventadas basadas en la historia.
Dónde descargar obras del dominio público

Opciones sobran, pero la librería de Internet Archive cuenta con 21.099 textos que fueron publicados en 1923 y ahora son parte del dominio público. La mayoría son en inglés (15.612) pero existen decenas de obras en otros idiomas, incluyendo 567 textos en español.

La librería digital de Hathi Trust también es un excelente lugar para ver libros en línea, y han listado más de 50.000 textos publicados en 1923 y que ahora son de dominio público en Estados Unidos.

El catálogo del Proyecto Gutenberg también es un buen sitio donde descargar libros digitalizados que forman parte del dominio público y también en Standard Ebooks.

Otra opción es LibriVox, ahí no solo puedes descargar libros del dominio público sino que también consigues audiolibros y tienen una buena colección de material en español.

En la Biblioteca digital internacional para niños hay una amplia colección de literatura para niños. El sitio está disponible en inglés, español, francés, ruso y mongol.

Dominio Público es un proyecto que desde hace muchos años publica en diferentes formatos digitales los libros del dominio público.

Fuente:quéleerlibros.com