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martes, 7 de junio de 2011

¿Cómo elegir el título para un libro? ¿Es tan fácil como parece?




Lo de ponerle el título a un libro se parece a lo de ponerle un nombre a un hijo. Pero en el caso del libro es todavía una cuestión más peliaguda. ¿Gustará? ¿Sintetiza el espíritu de la obra? ¿Es original? ¿Demasiado pedante? ¿Escribo la novela sin título y espero que me llegue por inspiración al rematar la última página? ¿Pongo primero el título y, de ahí, intento que surja toda la historia?

Hay autores que, para acotar un poco estos dilemas, siguen a menudo un estilo semejante. Por ejemplo, Vargas Llosa acostumbra a titular sus obras mencionando dos cosas: La tía Julia y el escribidor, Pantaleón y las visitadoras, La ciudad y los perros… Juan Carlos Onetti se inspiraba en nombres de óperas o canciones: El caballero de la rosa, La vida breve, La muerte y la doncella… Algunos autores podían llegar hasta límites insospechados, como el escritor argentino Abelardo Arias, que ponía siempre títulos construidos con 13 letras: De tales cuales, Polvo y espanto, Álamos talados…

Cada autor puede confeccionarse sus propias normas a la hora de titular. Algunos, como Andrés Trapiello, son más sistemáticos y atesora títulos para posibles libros y artículos en un cuaderno. Tiene tantos que incluso regala títulos a los amigos que le llaman para consultarle.

Pero también hay autores que no le dan demasiadas vueltas al asunto. Se dejan inspirar por los elementos que tengan más a mano o simplemente ponen lo primero que se les viene a la cabeza. Por ejemplo, Jean Cocteau, tras observar la marca de ascensores de su casa, decidió poner el título El ángel de Heurtevise. Witold Gombrowicztituló Bakalay copiando la palabra de una calle de Buenos Aires. Más poética es la forma en la que Antonio Solertituló El camino de los ingleses:

Lo escribí en Flandes, en una residencia en la que vivió Marguerite Yourcenar, y se llamaba originariamente Sacramento, pero un día que salí a dar un paseo encontré una desviación con ese nombre, El camino de los ingleses, que conducía a un pequeño cementerio militar donde estaban enterrados soldados ingleses muertos durante la Primera Guerra Mundial, y como la novela tiene que ver con las tragedias anónimas, me decidí a cambiarlos.

También es un buen recurso usar una de las frases del libro como título. La frase con la que concluye la obra, la frase con la que se inicia, alguna frase que se repite machaconamente… incluso la frase más banal de todas.

Mención especial merecen los títulos que son palabras inventadas o muy poco comunes. Moriencia, de Roa Bastos.Extravagario, de Neruda. Trilce, de Vallejo (una mezcla de triste y dulce). En mi caso, si echo la vista atrás, me doy cuenta de que he tirado mucho de la palabra rara o inventada para los títulos de mis novelas: Tanatomanía, Jitanjáfora, Bitis…

Dice Jesús Marchamalo en Las bibliotecas perdidas:

Hay títulos, también, que pueden generar curiosos malentendidos. No es fácil dudar con Pedro Páramo-Juan Rulfo respecto a quién es el autor y cuál el título, pero se preguntaba en un artículo el escritor y crítico Ricardo Bada acerca de otros emparejamientos en los lomos de los libros, algunos fáciles: Hector Servadac-Julio Verne, Anna Karenina-León Tolstói; y otros algo más difíciles: Gonzalo Guerrero-Eugenio Aguirre, Felipe Delgado-Jaime Sáenz; y el definitivo Multatuli-Max Havelaar. Siguiendo con la broma, recuerdo que Héctor Yánover, en su libro Memorias de un librero, contaba la anécdota de aquella señora que entró en la librería preguntando por Dostoievsky y Mr. Hyde.

Luego están los títulos más divertidos, extravagantes o concebidos para epatar al personal. Incluso hay la revista británica Bookseller concede el premio a los títulos de libros más raros de la literatura.

El premio al título de libro más raro de los últimos 30 años ha sido concedido a una obra que parece anodina:Greek Rural Postmen and Their Cancellation Numbers (Los carteros rurales griegos y los números de cancelación [de los sellos]). Consiguió el 13% de los votos en el sitio web de Bookseller

El argumento del libro es incluso más curioso que el título: la curiosa historia de más de 17 sacas de cartas no entregadas a sus destinatarios en Elasona, al norte de Tesalónica, y que fue publicado en 1994 por la Organización Filatélica Helénica de Gran Bretaña.

Otros de los finalistas son:

If You Want Closure In Your Relationship, Start With Your Legs (Si quieres acabar con tu relación, empieza cerrando las piernas).

¿Cuán verdes eran los Nazis?, editado por Franz Josef Bruggeimer, Mark Cioc y Thomas Zeller

El delicioso helado de D. Di Mascio: D. Di Mascio de Coventry: Una compañía de helados de buena reputación, con una flota interesante y variada de furgonetas de venta de helado, por Roger De Boer, Harvey Francis Pitcher y Alan Wilkinson/Fuente: Las bibliotecas perdidas de Jesús Marchamalo/Papel en Blanco(LIVDUCA

Las bibliotecas perdidas – Jesús Marchamalo

Los libros que recopilan artículos, reportajes, entrevistas o crónicas suelen ser interesantes, pero aburridos. “Las bibliotecas perdidas”, sin ser una obra que alcance la excelencia artística, se aleja de esa tendencia por el buen humor y la abundancia de documentación que acompañan a cada una las piezas.

Marchamalo ha reunido en este libro una serie de artículos que se han publicado en los últimos siete años en el suplemento ABCD (cultural del diario ABC), siempre relacionados con el mundo literario. Tenemos textos que hablan sobre las dedicatorias que se escriben en los libros y las extrañas aventuras que corren, apareciendo, desapareciendo e incluso reescribiéndose; sobre la relación entre la inevitable necesidad de trabajar en cualquier oficio para ganarse el pan de algunos escritores, como Kafka, Wallace Stevens o José María Merino, y la relación —peculiar— que entablan con la literatura que escriben; sobre la correspondencia de algunos escritores, de los secretos que se revelan (o se guardan) y de la pertinencia de su publicación, antes o después de la muerte del redactor; sobre escritores que alcanzan cierta fama con su primera obra y después desaparecen de los cenáculos literarios; sobre matrimonios o parejas formadas por dos escritores (Zelda y Scott Fitzgerald; Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares; Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir); sobre la relación entre el tabaco y la creación literaria; sobre las sempiternas peleas y riñas entre escritores; sobre las tensas amistades que unen a los editores con sus autores, y cómo pueden degenerar en odios acérrimos…

Es evidente que algunos artículos son mucho más interesantes que otros. ‘El oficio de escritor’, por ejemplo, nos habla sobre los orígenes curiosos e inciertos de algunos libros: los instantes brevísimos e intensos en los que al escritor “se le aparece” la historia que debe escribir, o las revelaciones ante determinados acontecimientos que, de alguna forma, “dictan” la futura novela. A través de algunas experiencias, como las de Luis Mateo Díez, Enrique Vila-Matas o Luis Landero, el lector se adentra en los hábitos de escritura de los escritores: manías, tiempo de dedicación, espacios en los que necesitan enclaustrarse, etc. No pasan de ser meras anécdotas, claro está, pero la información es extraña y resulta chocante, y lo cierto es que rara vez se tiene acceso a ese tipo de datos. Vean, por ejemplo, los “Seis trucos para escribir novelas” con los que finaliza el artículo:

Thomas Mann era tan cuidadoso con sus personajes que imaginaba incluso cómo sería su firma.

Evelyn Waugh escribió su primera novela en seis semanas, incluyendo las correcciones.

John Steinbeck trabajaba con lápiz, pero tenían que ser redondos, para que las aristas no se le clavaran en los dedos.

Para escribir “Los desnudos y los muertos”, Norman Mailer ideó un curioso sistema; trabajaba únicamente cuatro días a la semana: lunes, martes, jueves y viernes.

Henry Miller siempre defendió que trabajar incómodo constituye una innegable ayuda para la imaginación.

Y el truco de John Updike para superar los momentos de sequía es imaginar el libro que está escribiendo en las baldas de una biblioteca pública. Con las cubiertas gastadas y subrayados. Infalible.

Otros textos, como ‘Locos por la literatura’, en el que se analiza la relación entre dedicación artística y estabilidad mental, son muy interesantes por la profusión de información. Aunque los artículos suelen quedarse en lo trivial y anecdótico (recordemos que en su origen eran columnas de un suplemento cultural), la verdad es que revelan datos que arrojan algo de luz sobre algunas grandes figuras del mundo literario.

Como lectura, “Las bibliotecas perdidas” es atractiva y sugerente; no sobrecarga al lector con un exceso de información y ofrece unas equilibradas dosis de investigación e ironía. Para los amantes de los libros y, sobre todo, de los escritores./S. Molina/LIVDUCA

sábado, 29 de enero de 2011

Biblioteca Mario de Andrade, la segunda más grande de Brasil reabre sus puertas


La biblioteca Mario de Andrade, la segunda más grande de Brasil (con 185.712.713 habitantes .2010) , reabrió sus puertas en Sao Paulo coincidiendo con el aniversario de la fundación de la ciudad, tras haber permanecido tres años cerrada por obras de modernización.

El alcalde de la ciudad, Gilberto Kassab, ofició la ceremonia de reapertura del edificio, ubicado en el corazón de la capital paulista, en un acto al que también acudieron la ministra brasileña de Cultura, Ana de Hollanda, el gobernador del estado de Sao Paulo, Geraldo Alkmin, y el ex candidato a la Presidencia del país José Serra.

"Es un regalo a la ciudad. Un equipamiento extraordinario, una biblioteca que trae muchos recuerdos. Yo mismo tengo buenas historias vividas aquí. En mi infancia pasé tardes en la Mario de Andrade", aseguró Kassab, citado en un comunicado oficial.

Para el alcalde, una vez restaurada la biblioteca da "la oportunidad" de continuar escribiendo en ese espacio "la historia de Sao Paulo".

La biblioteca pone a disposición de los ciudadanos un fondo de 327.000 libros, entre los cuales se encuentran 51.000 piezas consideradas raras o especiales, según una nota de la institución.

Además de las obras de restauración de la biblioteca, que han tenido un coste de 16,3 millones de reales (unos 9,7 millones de dólares, 7,1 millones de euros), la plaza José Gaspar, donde se encuentra el edificio, también fue revitalizada.

Inaugurada en 1926 en otra zona de la ciudad, la Mario de Andrade fue trasladada en 1943 a su actual ubicación, un espacio art déco de 12.032 metros cuadrados proyectado por el arquitecto francés Jacques Pilon.

Los responsables de la institución han programado una nutrida agenda de actividades culturales que incluyen visitas guiadas y presentación de libros, además de una serie de conferencias y actuaciones dedicadas a la música de los diferentes pueblos que, procedentes de todo el mundo, se confunden en Sao Paulo y confieren a la ciudad un genuino espíritu multicultural.EFE/LIVDUCA

viernes, 28 de enero de 2011

Escritores y usuarios se pronuncian ante posible cierre de las bibliotecas inglesas


La ola de privatización que nos invade con la excusa de la crisis no amenaza solamente el carácter público de muchos servicios sino que implica la desaparición de algunos de ellos, en nombre de la racionalización presupuestaria. La cultura, claro está, no sólo participa de esta fiesta neoliberal sino que es una de las más afectadas, porque ya sabemos que, además prescindible, parece que sea un lujo. Así parece entenderlo la administración inglesa que, sumada a otras medidas, ha decidido cerrar casi cuatrocientas cincuenta bibliotecas y bibliotecas móviles, en una cultura donde, al contrario que en otros países, las bibliotecas sí forman parte del entramado social.

Ante el miedo a que muchas de estas bibliotecas desaparezcan realmente, se han desarrollado diferentes acciones de protesta. A través de un blog los bibliotecarios informan de cuáles son las bibliotecas amenazadas, proponiendo acciones como el envío de cartas y la difusión de información. Como no podría ser de otra forma, diferentes escritores apoyan los actos de las bibliotecas, como es el caso de Alan Gibbons quien llama a unas “jornadas de resistencia contra los cierres”.

Algunas de las acciones son llamativas como la llevada a cabo por los vecinos de la población de Stony Stratford a unos noventa kilómetros de Londres. La protesta ha consistido en un llamamiento al uso del servicio de préstamo de manera masiva, de forma que cada usuario se ha llevado el máximo de libros posibles entre en doce y el quince de enero, con la idea de vaciar la biblioteca de sus dieciséis mil volúmenes. Casi cuatrocientos libros por hora pasaron por el mostrador de préstamo, consiguiendo así su objetivo. La acción fue convocada a través de la red social Facebook. Curiosamente una de las excusas para el cierre de las bibliotecas (deficitarias por definición) es que con Internet cada vez las usa menos gente.

Varios escritores ingleses se han sumado a la causa a favor de las bibliotecas y han comenzado a manifestarse públicamente. Entre ellos Colin Dexter recordando cómo la biblioteca de su barrio cambió su vida:

“Cuando era niño había tres libros en nuestra casa: El Médico Casero, de 1886, una novela victoriana estilo “Mills & Boon” titulada La primera oración de Jessica, y Cantos y Partituras sagradas de los evangelistas estadounidenses Moody y Sankey. De muchacho, inscribirse en la biblioteca constituía un rito de pasaje, y fue a los 14 años, que es la edad a la que me inscribí en la Biblioteca Stamford de Lincolnshire, cuando empecé a leer todas las 17 novelas de Hardy salvo una. La última la estoy reservando para la vejez. El servicio gratuito de bibliotecas públicas fue una de las mayores conquistas del siglo XX. La literatura abre puertas, y hete aquí a nosotros cerrándolas. Es muy triste, y exige un cambio radical de orientación por parte del gobierno, no sólo por los niños y ancianos que las usan, sino porque tenemos una tradición cultural que proteger. El gobierno habla de poder popular. Pues bien: el pueblo no quiere que se cierren las bibliotecas.”

jueves, 13 de enero de 2011

Ministerio de Cultura español pone en marcha un servicio de préstamo de libros electrónicos en 15 Bibliotecas Públicas



La Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura, a través de la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria, ha puesto en marcha un programa que tiene como objetivo la introducción del libro electrónico en las Bibliotecas Públicas del Estado, de manera que los ciudadanos puedan tomar en préstamo tanto los dispositivos lectores (los e-readers), como los propios contenidos o libros electrónicos (e-books).

En la primera fase del programa se ha dotado de una media de 50 dispositivos a 15 Bibliotecas Públicas del Estado, con el fin de que pongan en marcha un servicio de préstamo a domicilio tanto de los aparatos lectores como de las obras en dominio público que contienen los e-readers y que estarán precargadas, bien en el propio dispositivo, bien a través de tarjetas SD. El importe de la inversión dedicada a este programa ha alcanzado los 130.000 euros.

BIBLIOTECAS QUE PRESTAN EL SERVICIO

Las Bibliotecas Públicas del Estado que han participado en esta primera fase son: Ciudad Real, Huelva, La Rioja, Las Palmas de Gran Canaria, Madrid, Mérida, Murcia, Oviedo, Palma de Mallorca, Santander, Santiago de Compostela, Tarragona, Valencia, Valladolid y Zaragoza.

Con esta iniciativa, el Ministerio de Cultura promueve y garantiza el acceso de los ciudadanos a la lectura y a la cultura, independientemente del soporte en el que se encuentren y enriquece las colecciones de las bibliotecas, adquiriendo las herramientas que proporcionan los nuevos avances tecnológicos.

Además, este programa viene a dar cumplimiento a la Proposición no de Ley 161/001344 sobre apoyo al libro electrónico en las bibliotecas públicas, aprobada el 25 de noviembre de 2009 por el Congreso de los Diputados, que instaba al Gobierno, entre otras cosas, a dotar a las bibliotecas de lectores y soportes que permitan la adecuada lectura de los libros electrónicos.EuropaPress/LIVDUCA