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domingo, 14 de abril de 2019

Vigencia de los derechos de autor frente a las obras de dominio público ©Ivette Durán Calderón




Ivette Durán Calderón


Ningún país puede dejar al azar la protección de los derechos de autor, particularmente en el ámbito literario. Si bien las circunstancia o condiciones varían de país a país, existe un convenio que establece que el mínimo es de 50 años luego del fallecimiento del autor.

El número de años, fluctúa precisamente a partir de los 50 años, tal es el caso de Alemania, Australia, Brasil, Costa Rica, Estados Unidos Estados, Irlanda, Francia y otros muchos más, la cifra se sitúa en los 70 años. En España varía entre los 60, 70 u 80 años según el año de la muerte del autor. Pero el que más alarga este período es México, que llega a alcanzar los 100 años.


Chile, mantiene 70 años después de la muerte del autor, excepto cuando si al terminar este plazo, existieran cónyuge o hijas solteras o viudas, el plazo se alargaría hasta la fecha del fallecimiento del último de estos familiares. Por otro lado, los documentos oficiales publicados por el gobierno son, en casi todos los países, de dominio público. 


En Alemania existe lo que es conocido como «libertad de panorama». Esta idea consiste en que todos los objetos situados permanentemente en lugares públicos pueden ser fotografiados y usados por el fotógrafo para cualquier fin, así como crear otras imágenes tales como pinturas. Sí que existe una prohibición a la hora de añadir algunas modificaciones en la obra.


Este 2019, nos trae la novedad de la liberación de sus derechos de autor de renombrados autores norteamericanos, británicos y varios de habla hispana


Patricia Chung, nos lo cuenta de esta manera:


El 1ro de enero marcó el día en que las obras de muchos escritores y creadores pasaron a dominio público. Esto quiere decir que pueden ser publicadas por quien quiera. Una gran cantidad de obras protegidas por derechos de autor perdieron su protección y este cambio tendrá enormes consecuencias para las editoriales y los patrimonios literarios, los cuales perderán dinero y el control de la producción creativa
Autores que pasaron a dominio público


La liberación de derechos de autor es beneficiosa para los lectores y para escritores que podrán concebir nuevas obras sobre clásicas historias sin violar la propiedad intelectual. La protección de derechos de autor más habitual después de la muerte del escritor se extiende a 70 años. Así que en 2019 pasan a dominio público las obras de autores fallecidos en 1948.


Por su parte, algunos editores y herederos de los derechos de autor temen que aparezcan ediciones de menor calidad, con errores y erratas tipográficos y de otro tipo. Y también de que se puedan dar trabajos derivados (secuelas, precuelas, versiones) que dañen la esencia de los originales, porque cualquiera puede hacer con ellos lo que quiera.


“Ahora habrá una variedad mucho mayor de libros disponibles y serán más baratos”, señaló Imke Reimers, profesor de Economía en la Universidad del Noreste quien ha estudiado el impacto de los derechos de autor. “Definitivamente, tanto los consumidores como los lectores se van a beneficiar de esto”.


“Finalmente, estos libros pertenecen a la gente”, comentó James L. W. West III, un estudioso de Fitzgerald. “Podemos tener nuevas oportunidades de editar y reinterpretar todos estos textos emblemáticos”.


Los derechos libres implican que cualquier persona puede vender en Amazon una edición digital, de audio o impresa. Los lectores pueden publicar y vender sus propias secuelas y obras derivadas, o difundir propias e irreverentes versiones de monstruos, como el éxito de ventas de 2009, Orgullo y prejuicio y zombis.
Escritores y creadores que pasaron a dominio público en 2019
Autores norteamericanos 
Ernest Hemingway: periodista y novelista. 
Gibran Jalil Gibran: escritor y poeta libanés-americano. 
Howard Phillips Lovecraft: el maestro del horror contemporáneo. 
Zelda Fitzgerald: novelista, pintora y esposa de F. Scott Fitzgerald. 
Edith Wharton: novelista, cuentista, dramaturga y diseñadora. 
Robert Lee Frost y Wallace Stevens: poetas. 
Edward Cummings, escritor, pintor, ensayista, poeta y dramaturgo, 
El puertorriqueño-americano William Carlos Williams, poeta y médico estrechamente asociado con el modernismo. 
Willa Sibert Cather, escritora que logró el reconocimiento de sus novelas sobre la vida en la frontera en Las Grandes Llanuras. 
Autores británicos 
Obras de D. H. Lawrence. 
De Alfred Woodley Mason su más célebre novela: Las cuatro plumas. 
Novelas de Agatha Christie: El asesinato de Roger Ackroyd y Asesinato en el campo de golf. 
De Aldous Huxley: su título Antic Hay. 
De Virginia Woolf: su obra La señora Dalloway. 
Algunas obras de Joseph Conrad autor polaco-británico, uno de los grandes novelistas de la lengua inglesa. 
Sir Pelham Grenville Wodehouse, uno de los grandes humoristas del siglo XX. 
Joseph Rudyard Kipling, periodista, cuentista, poeta y novelista británico. 
Anthony Trollope, novelista inglés de la era Victoriana. 
Autores de habla hispana

En la Biblioteca Nacional de España (BNE) se puede consultar una selección de obras de escritores fallecidos en 1938, disponibles en la Biblioteca Digital Hispánica. El listado, compuesto por 175 autores, incluye ya a nombres como: 
Juan de la Cierva y Peñafiel, abogado y político de la Restauración. 
El dramaturgo Serafín Álvarez Quintero. 
Gonzalo Jiménez de la Espada, orientalista y traductor del japonés. 
Luis López-Ballesteros y de Torres, traductor de las obras completas de Freud. 
La escritora, traductora y periodista María Atocha Ossorio y Gallardo. 
Otros 
Obras del irlandés George Bernard Shaw. 
Del escritor francés Marcel Proust, novelista, crítico, y ensayista, su famosa obra: En busca del tiempo perdido. 
Del neurólogo austriaco y fundador del psicoanálisis Sigmund Freud, su obra El yo y el ello. 
La obra de Kathleen Mansfield Murry, escritora modernista de relatos neozelandesa. 
Caso Gibrán


Apena imprimió 1500 ejemplares sin sospechar que el libro llegaría a vender tan solo en Norteamérica, unas 9 millones de copias.

Penguin publicará 20 mil ejemplares de su edición de El profeta, con una introducción nueva de Rupi Kaur, una poeta canadiense revelación de las redes sociales. John Siciliano, director ejecutivo de Penguin Classics, espera que esto atraiga a un público nuevo para el libro de Gibran.

Otras publicaciones

Las editoriales que se especializan en los clásicos saben que existe una enorme oportunidad para reintroducir las viejas obras. Algunos se han preparado durante décadas para este momento.

Este año, la editorial digital Open Road Media publicará cerca de una decena de obras de 1923 accesibles recientemente, incluyendo libros electrónicos de Caña, de Jean Toomer, El profeta, de Gibrán Jalil Gibrán, El yo y el ello, de Sigmund Freud, El inimitable Jeeves, de Wodehouse y Asesinato en el campo de golf —uno de los primeros enigmas de Hércules Poirot—, de Agatha Christie.

El editor Alfred A. Knopf publicó hace un siglo, un pequeño libro de fábulas espirituales del desconocido poeta y pintor libanés-estadounidense llamado Gibrán Jalil Gibrán.

Penguin también publicará Caña de El editor Alfred A. Knopf publicó hace un siglo, un pequeño libro de fábulas espirituales del desconocido poeta y pintor libanés-estadounidense llamado Gibrán Jalil Gibrán. Toomer y varias nuevas ediciones de obras de 1923. Penguin Classics distribuirá El prisionero, de Proust.

Vintage Classics publicará una nueva edición de New Hampshire, de Frost —la cual contendrá el grabado en madera original y algunos de sus poemas más famosos, incluyendo Stopping by Woods on a Snowy Evening— así como ¿Whose Body?, de Dorothy Sayers y tres nuevas ediciones de las novelas clásicas de Christie.
Sobre los autores que pasaron a dominio público en 2019

Esta legislación sobre derechos de autor incluye a la mayor parte de países europeos. Sin embargo, todo libro escrito antes de 1787 pertenece al patrimonio común, sin excepción; entre ellos, el Cantar de Mío Cid, la Biblia, el Corán, toda la obra de Aristóteles y de Miguel de Cervantes.

Productores de cine y teatro podrá hacer libres adaptaciones de obras para películas y obras musicales sin tener que solicitar los derechos.

A principios del año, Google Books, que tiene escaneadas más de treinta millones de obras en su enorme biblioteca digital en línea, puso a disposición del público ediciones digitales completas de obras publicadas en 1923, entre ellas Tarzán y el león de oro de Edgar Rice Burroughs y Un hijo en el frente de Edith Wharton.

Caso curioso es el del libro El Gran Gatsby. Adelantándose a una avalancha de ediciones nuevas de cuando caduquen los derechos de autor en 2021, los herederos de Fitzgerald y su editorial, Scribner, publicaron recientemente una nueva edición de la novela, con la esperanza de colocarla como la versión definitiva del texto.

Se han vendido unos treinta millones de ejemplares en todo el mundo y siguen vendiéndose más de quinientos mil ejemplares al año tan solo en Estados Unidos.

Sin embargo, en dos años, cualquiera que tenga una computadora podrá publicar un libro electrónico de ese texto o vender historias inventadas basadas en la historia.
Dónde descargar obras del dominio público

Opciones sobran, pero la librería de Internet Archive cuenta con 21.099 textos que fueron publicados en 1923 y ahora son parte del dominio público. La mayoría son en inglés (15.612) pero existen decenas de obras en otros idiomas, incluyendo 567 textos en español.

La librería digital de Hathi Trust también es un excelente lugar para ver libros en línea, y han listado más de 50.000 textos publicados en 1923 y que ahora son de dominio público en Estados Unidos.

El catálogo del Proyecto Gutenberg también es un buen sitio donde descargar libros digitalizados que forman parte del dominio público y también en Standard Ebooks.

Otra opción es LibriVox, ahí no solo puedes descargar libros del dominio público sino que también consigues audiolibros y tienen una buena colección de material en español.

En la Biblioteca digital internacional para niños hay una amplia colección de literatura para niños. El sitio está disponible en inglés, español, francés, ruso y mongol.

Dominio Público es un proyecto que desde hace muchos años publica en diferentes formatos digitales los libros del dominio público.

Fuente:quéleerlibros.com



sábado, 26 de enero de 2019

La caída de las hojas Fernando Celada el poeta de Xochimilco Ivette Durán Calderón


Ivette Durán Calderón



Siento particular alegría cuando encuentro algunos —llamados por mí— tesoros literarios, es decir, revistas, libros o periódicos que yacen escondidos e injustamente olvidados. 
Quiero compartir uno de esos hallazgos referido al poeta, dramaturgo y periodista, nacido
en 1871 y fallecido en 1929, Fernando Celada Miranda, quien fue el "El cantor del proletariado". Su pueblo natal, Xochimilco (entonces Distrito Federal, hoy Ciudad de México), lo recuerda como denodado luchador a favor del proletariado. Paralelamente se desempeñó como periodista colaborando con los periódicos, Bandera Roja, Jalisco Nuevo, Redención y otros. Sus ideales le ocasionaron denostación y persecuciones. Su legado poético ha sido variado, recordemos Cantos épicos a Juárez, Martillos y yunques, Bronces, Himnos de los martillos, Para los obreros de la República, Panoramas de ensueño (Pachuca 1918), y otros. El pueblo lo identificó por su afamada poesía romántica "La caída de las hojas" inspirada en la actriz tapatía Camerina Fuentes, quien habría fallecido acompañada por el poeta.

Pero pocos saben o recuerdan que La caída de las hojas no sólo fue un poema, sino un poemario, prologado por el escritor y poeta español Julio Sesto, el cuál luego de la muerte de su amigo le dedicó la única semblanza que existe acerca de él en su libro La bohemia de la muerte (1929), destacando que "México había perdido a uno de sus cantores más genuinamente populares y amantes del terruño, y, lo que es de hacerse notar el más amante de su pueblo, del verdadero pueblo, que no supo comprenderlo ni agasajarlo, ni hacerlo vivir". Y agregó: Fernando Celada era nativo de Xochimilco, el pueblo bello y bastante ingrato, al que cantó de esta manera:

Van ahogando sin ansias ni dudas crueles


                          las humildes mujeres del pueblo mío

                          que conducen lechugas y betabeles […]



                         Tantas flores ha puesto la Providencia

                         en tu regazo virgen y al par profundo,

                         tantas flores a puesto, que sobra esencia

                         para ungir a las novias de todo el mundo.





Esta breve crónica no estará completa sin ofrecer al lector la citada poesía completa:



        Las hojas muertas



Cayó como una rosa en mar revuelto...

Y desde entonces a llevar no he vuelto

a su sepulcro lágrimas ni amores.

es que el ingrato corazón olvida,

cuando está en los deleites de la vida,

que los sepulcros necesitan flores.



Murió aquella mujer con la dulzura

de un lirio deshojándose en la albura

del manto de una virgen solitaria;

Su pasión fue más honda que el misterio

vivió como una nota de salterio,

murió como una enferma pasionaria.



Espera, —me decía suplicante—

todavía el desengaño está distante...

no me dejes recuerdos ni congojas;

Aún podemos amar con mucho fuego

no te apartes de mí, yo te lo ruego;

espera la caída de las hojas...



Espera la llegada de las brumas,

cuando caigan las hojas y las plumas

en los arroyos de aguas entumidas.

Cuando no haya en el bosque enredaderas

y noviembre deshoje las postreras

rosas fragantes al amor nacidas.



Hoy no te vayas, alejarte fuera

no acabar de vivir la primavera

de nuestro amor, que se consume y arde;

Todavía no hay caléndulas marchitas

y para que me llores necesitas

esperar la llegada de la tarde.



Entonces, desplomado en tu cabeza

en mi pecho, que es nido de tristeza,

me dirás lo que en sueños me decías,

pondrás tus labios en mi rostro enjuto

y anudarás con un listón de luto

mis manos cadavéricas y frías.



¡No te vayas por Dios...! Hay muchos nidos

y rompen los claveles encendidos

con un beso sus vírgenes corolas;

todavía tiene el alma arrobamientos

y se pueden juntar dos pensamientos

como se pueden confundir dos olas.



Deja que nuestras almas soñadoras,

con el recuerdo de perdidas horas,

cierren y entibien sus alitas pálidas,

y que se rompa nuestro amor en besos,

cual se rompe en los árboles espesos,

en abril, un torrente de crisálidas.



¿No ves como el amor late y anida

en todas las arterias de la vida

que se me escapa ya?... Te quiero tanto,

que esta pasión que mi tristeza cubre,

me llevará como una flor de octubre

a dormir para siempre al camposanto.



Me da pena morir siendo tan joven,

porque me causa celo que me roben

este cariño que la muerte trunca.

y me presagia el corazón enfermo

que si en la noche del sepulcro duermo,

no he de volver a contemplarte nunca.



¡Nunca...! ¡Jamás...! En mi postrer regazo

no escucharé ya del eco tu paso,

ni el eco de tu voz... ¡Secreto eterno!

Si dura mi pasión tras de la muerte

y ya no puedo cariñosa verte,

me voy a condenar en un infierno.



¡Ay, tanto amor para tan breve instante!

¿Por qué la vida, cuanto más amante

es más fugaz? ¿Por qué nos brinda flores,

flores que se marchitan sin tardanza,

al reflejo del sol de la esperanza

que nunca deja de verter fulgores?



¡No te alejes de mí, que estoy enferma!

Espérame un instante... cuando duerma,

cuando ya no contemples mis congojas...

¡Perdona si con lágrimas te aflijo!...

Y cerrando sus párpados, me dijo:

—¡Espera la caída de las hojas!



¡Ha mucho tiempo el corazón cobarde

la olvidó para siempre! Ya no arde

aquel amor de los lejanos días...

Pero ¡Ay.! A veces al soñarla siento

que estremecen mi ser calenturiento

sus manos cadavéricas y frías...!

viernes, 25 de enero de 2019

No importa la edad para revolucionar las librerías



La literatura del país vecino acaba de demostrar que la edad no está, ni mucho menos, reñida con la capacidad de generar éxitos editoriales. Allí, el libro más vendido estas navidades no es otro que un ensayo de 30 páginas rubricado por un tal Stéphane Hessel.
Este hecho sería de lo más cotidiano y banal de no ser porque este ex diplomático -lo fue tras la Segunda Guerra Mundial-, el nuevo rey Midas francés, tiene nada menos que 93 años. Su llamada a la indignación política y su reflexión crítica sobre la sociedad actual han cautivado de tal manera a los lectores franceses, que ha generado un auténtico boom, según The guardian.
El éxito del nonagenario Hessel parece haber conmocionado a Francia desde que su libro, Indignez vous! (Indignaos), se publicara el pasado mes de octubre. Fue entonces cuando un editor del sur del país se fijó en la obra y decidió sacarla al mercado, aunque, eso sí, en un número muy reducido de copias y por el módico precio de 3 euros.
Después de dos meses en las listas de éxitos editoriales, el libro ha permanecido durante cinco semanas consecutivas en el número 1, superando al galardonado Michel oullebecq y su novela La Carte et le Territorio. Ha vendido nada menos que 600.000 copias y los editores predicen que en breve alcanzará el millón de copias vendidas.
Hessel nació en Berlín en 1917 y emigró a Francia con sólo 7 años. Su madre, Helen Ground, escritora y pintora, inspiró la Catherine del trío Jules et Jim, de la película de François Truffaut. Su padre, Franz era Jules. Durante la ocupación nazi de Francia, Stéphane se unió a la resistencia francesa, fue capturado, torturado y deportado a los campos de concentración de Buchenwald y Dora. Tras la guerra, ayudó a redactar la Declaración Universal de los Derechos Humanos y se centró en su carrera de diplomático.
La explicación al huracán Hessel reside en el carisma del autor y su historia personal, pero también en el estado de ánimo de los ciudadanos franceses, marcado por la decepción y el hartazgo, con respecto a las desigualdades sociales por parte de la Presidencia de un país ya de por sí propenso a la crispación.
En su obra, Hessel aboga por la vuelta de los franceses a los valores de la resistencia que, en su opinión, se han perdido.
"Hago un llamamiento a los ciudadanos, jóvenes y no tan jóvenes, a asumir la responsabilidad por las cosas que no funcionan en nuestra sociedad", señala. "Deseo que cada uno de ustedes encuentre un motivo por el que indignarse con esta sociedad", sentencia el autor.
En estos momentos se están preparando varias traducciones de Indignez vous! para su próxima venta en países como Italia y otros mercados del continente europeo.Vanitaris/LIVDUCA

jueves, 24 de enero de 2019

George Orwell, escritor intemporal



Ivette Durán Calderón


Eric Arthur Blair (1903-1950), conocido por el pseudónimo de George Orwell, célebre porque dentro de sus múltiples publicaciones, que en total son más de cien e incluyen ensayos, poemas, antologías y libros de no ficción, resaltan las seis novelas que convirtieron su nombre en la epopeya de la distopía.

Vale la pena recordarlo no sólo por su gran alegado, sino porque se ha convertido en un escritor intemporal.

Más de un adulto se ve obligado a releer sus obras para poder captar el mensaje subliminal que cada lector espera encontrar.

Citando un ejemplo, Rebelión en la granja no es un cuento infantil, es
una más de sus magistrales obras, fina sátira publicada en 1945, que fabula mordazmente sobre cómo el régimen soviético de Iósif Stalin corrompe el socialismo.
 
Dejemos que Sonia Viramontes no permita hacer un recorrido por las obras más emblemáticas de un escritor que pudo ver el futuro:

George Orwell, el profeta

George Orwell –que sus papás nombraron Eric Arthur Blair– se ha condecorado como el rey de las distopías, tanto que existe el adjetivo orwelliano para describir sociedades que reproducen actitudes totalitarias y represoras.
Aquellos mundos grises y esclavistas estuvieron inspirados en la vida que llevaba el escritor, primero en Motihari, ciudad en la que nació el 25 de junio de 1903, que formaba parte del imperio inglés en la India; después se fue a Inglaterra y luego a Birmania. Más adelante regresó a Gran Bretaña y vivió también en París.
George Orwell estudió en el Eton College de Windsor, “la escuela más aristocrática del Reino Unido”, según el economista Rahat Nabi Khan. Después de pasar ahí un tiempo que el escritor describió como “relativamente feliz”, decidió unirse a la Policía Imperial India en Birmania.
Su madre, Ida Mabel Limouzin Blair, nació en lo que hoy se conoce como Myanmar y su padre –a quién no había visto desde los dos años– era oficial en el Departamento del Opio del imperio inglés en la India. Eso explica, quizás, su interés por vivir aquella experiencia.
Tenía 19 años cuando comenzó su servicio en la policía. Aprendió birmano e hindustaní; aprendió de la cultura y gente local, además de una buena cantidad de datos sobre la flora y fauna de Birmania. Después de cinco años, Blair (porque aún no utilizaba su seudónimo) renunció a la policía y regresó a Inglaterra.
De vuelta en Europa vivió como indigente y después de intentar algunos trabajos que no le funcionaron muy bien, se mudó a París por un año y comenzó a escribir su primer libro, Sin blanca en París y Londres (Down and Out in Paris and London) que publicó hasta 1933. Con ese libro nace el seudónimo George Orwell, pues no quería apenar a sus padres con las declaraciones que imputaba en aquella no ficción.
De vuelta a casa de sus padres en Suffolk, enfermo y sin dinero, empezó a escribir Los días de Birmania, donde habla de Kyauktada, un pequeño pueblo en el que un puñado de ingleses, representantes del imperio, sobrevive encastillado en su “club europeo”. Rodeado de la selva y los nativos, a quienes uno de los protagonistas llama “negros asquerosos e infames”, Orwell retrata el daño que provoca el sistema imperialista, ignorante y posesivo. 
La segunda novela de Orwell también fue escrita desde la casa de sus padres. En esta temporada el escritor optó por convertirse en profesor como medio de subsistencia. Esta experiencia y la de vivir en Southwold, un pequeño pueblo en la costa este de Inglaterra, le sirvieron de inspiración para escribir La hija del clérigo.
Dorothy es la hija de un reverendo estricto y poco cariñoso. Condenada a una existencia infeliz, trabaja como criada y enseña en una escuela privada para señoritas, además de mendigar por las calles para conseguir lo necesario para sobrevivir a la gran depresión inglesa. Inesperadamente, Dorothy es llevada a Londres, donde vivirá una realidad completamente diferente a la suya, exiliada incluso de su propia memoria.
Esta obra desnuda la realidad inglesa de los años 30, que con enjundia se había intentado solapar en la literatura. Muestra el yugo de ser mujer y ser pobre, dos características que compartían más de la mitad de la población inglesa de esa época.
Tras una época muy solitaria, Orwell decide mudarse a Hampstead, una zona residencial de Londres, famosa por sus asociaciones intelectuales, artísticas, musicales y literarias. Ahí el escritor de 31 años comenzó a trabajar en una librería de segunda mano llamada Booklover’s Corner. Durante esa época conoció a muchos otros escritores y artistas, algunos de los cuales formarían parte de su libro Que no muera la aspidistra.
Ahí cuenta el proceso de autoexclusión social de un joven de 30 años, Gordon Comstock, que prefiere un trabajo mal remunerado de ayudante en una pequeña librería a ejercer de publicista en una importante firma con un buen sueldo. Sus ideales contra el universo del dinero, personificado como el El Dios Dinero, una figura que abarca la industria de la publicidad y el City, le llevan poco a poco a la marginalidad en todos los aspectos de la vida, incluido el personal, ya que le resulta imposible casarse con su novia Rosemary «sin un buen trabajo». Hasta sus afanes por convertirse en poeta fracasan ante la imposibilidad de ser creativo sin cumplir con los recursos económicos mínimo.
En 1936, recién comenzada la la Guerra Civil Española, Orwell decidió unirse al batallón con la idea de “matar fascistas porque alguien debe hacerlo”, como le declaró a su amigo Henry Miller cuatro días antes de enrolarse como brigadista. Llegó el 26 de diciembre, junto con otros británicos que perseguían el mismo objetivo.
El 20 de mayo de 1937, durante las jornadas de mayo, Orwell recibió un tiro en el cuello. Fue retirado del frente, regresado a Inglaterra y después internado por tuberculosis. Sin embargo, en su tiempo después del campo de batalla escribió uno de sus textos de no ficción más reconocidos, Homenaje a Cataluña, donde describe su “admiración por lo que identifica como ausencia de estructuras de clase en algunas áreas dominadas por revolucionarios de orientación anarquista” y también critica al Partido Comunista de España por su control estalinista y la propaganda que usan como manipulación informativa.
En 1946 escribió: “La guerra de España y otros acontecimientos ocurridos en 1936-1937 cambiaron las cosas, y desde entonces supe dónde me encontraba. Cada línea en serio que he escrito desde 1936 ha sido escrita, directa o indirectamente, contra el totalitarismo y a favor del socialismo democrático como yo lo entiendo”.
Como parte de su recuperación de la tuberculosis, Orwell se fue a Marruecos. Desde ahí escribió Subir a por aire, que cuenta los preludios de la Segunda Guerra Mundial, que comenzaba el mismo año en que fue publicado.
George Bowling, el protagonista de la obra, es un agente de seguros que vive en una típica casa inglesa suburbana con su mujer y dos hijos. Un día, después de estrenar su nueva dentadura postiza siente que necesita “subir a tomar aire”. En una carrera de caballos gana 17 libras y decide que con ese dinero regresará a Lower Binfield, el pueblo en el que creció y en el que recordaba con cariño un estanque donde pescaba carpas treinta años atrás. El encuentro con la realidad dista de sus memorias: ya no hay estanque y el pueblo se ha vuelto irreconocible, además de que se encuentra con un “bombardeo accidental” de las fuerzas de la Fuerza Aérea Real.
Esta es una de las obras más reconocidas de George Orwell. En ella ilustra una alegoría del régimen soviético de Iosef Stalin, que corrompe el socialismo que el escritor defendía como orientación política. Además el argumento construye una hipótesis sobre el peso que tiene la corrupción en las sociedades y lo fácil que es que cualquiera se vea seducido por el poder.
La novela fue escrita en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial y en realidad no fue conocida por el público hasta cinco años después de su publicación, en 1950.
El argumento de la novela distópica comienza cuando los animales de la Granja Solariega, alentados un día por el Viejo Mayor, un cerdo que antes de morir les explicó a todos sus ideas, llevan a cabo una revolución en la que consiguen expulsar al granjero Howard Jones y crear sus propias reglas, llamados los Siete Mandamientos, que escriben en una pared:
Todo lo que camina sobre dos pies es un enemigo.
Todo lo que camina sobre cuatro patas, nade, o tenga alas, es amigo.
Ningún animal usará ropa.
Ningún animal dormirá en una cama.
Ningún animal beberá alcohol.
Ningún animal matará a otro animal.
Todos los animales son iguales.
Esta obra fue el broche de oro que colocó a George Orwell como el rey de la distopía, pero también le dio un toque de profeta. No por nada fue éste uno de los libros más leídos después de que Donald Trump asumió la presidencia estadounidense.
Orwell la escribió entre 1947 y 1948 (aunque los esbozos existen desde el ‘44), pero fue publicada hasta 8 de junio de 1949. Mientras la escribía, el escritor pasaba por la fase más grave de la tuberculosis que padecía y fue la última obra que publicó antes de su muerte el 21 de enero de 1950.
El concepto de vigilancia social del Gran Hermano llegó con esta obra al imaginario colectivo y se ha convertido, en uno de los conceptos literarios más retomados en la cultura pop y urbana, pues constantemente nos vemos sumergidos en una realidad muy parecida a la que el escritor describe.
El hilo de la novela lo lleva Winston Smith, que trabaja en el Ministerio de la Verdad. Su tarea es, nada más y nada menos, reescribir la historia para que no contradiga al presente. Poco a poco, Smith se empieza a dar cuenta que su trabajo es sólo una de las muchas artimañas que tiene el gobierno para engañar y someter a la gente. En su ansia de evadir la omnipresente vigilancia del Gran Hermano, que invade hasta las casas, se encuentra con una joven rebelde llamada Julia, también desencantada del sistema político. Ambos encarnan una resistencia de dos contra una sociedad que se vigila a sí misma.
Fuente: https://gatopardo.com/cultura/libros/george-orwell-escritor-ingles/

viernes, 6 de julio de 2018

Plagio, piratería y derechos de autor


®Ivette Durán Calderón

 Piratería, tradicionalmente representa la acción o actividad de asaltar barcos en alta mar o en las costas para apropiarse de su cargamento. Noticias y relatos abundan en frases que describen tal acción, Ej: "los bucaneros se dedicaron a la piratería en los siglos XVI y XVII".

Hoy en día, la acepción de piratería y lo que concierne a piratear cambió, tanto que llega a considerarse un sinónimo de falsificar un producto y lo que ello implica. Vale decir, comercializar y/o difundir copias ilegales, de obras cuya propiedad intelectual tiene dueño, o lo que es lo mismo, pertenecen a alguien (libros, películas, temas y canciones musicales, etc.) Podemos colegir, entonces, que “pirata” es el adjetivo aplicado a esas copias falsificadas o reproducciones no autorizadas por su legítimo propietario.  El slogan “No a la piratería” es frecuentemente utilizado para defender precisamente los derechos de propiedad intelectual, evitando de ese modo el plagio.

Encontramos entonces, una similitud sustancial al referirnos a la infracción de derechos de autor, concretamente estamos hablando del copyright, entendiéndose como tal, al conjunto de normas y principios jurídicos que protegen todo derecho moral y de explotación de obras tanto materiales como intangibles, como ser:  obras artísticas, musicales, literarias, musicales, didácticas, científicas, traducciones, interpretaciones, inventos  y todo trabajo intelectual de ilimitada creatividad.





Estos derechos morales, implican también todo derecho no solo al beneficio económico subyacente, sino además al merecido reconocimiento público de la autoría de una determinada creación. Asimismo, se refiere a la decisión de divulgar bajo propio nombre de autor o bajo seudónimo, todos los aspectos de la explotación, cesión de derechos, difusión, modificación, corrección, resumen, etc.  

La infracción de copyright ® (derechos de autor) o violación de copyright es un uso no autorizado o prohibido de obras protegidas por las leyes de derechos de autor.
Cabe destacar que es el Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas (1886), la entidad que regula todos estos aspectos: http://www.wipo.int/treaties/es/ip/berne/summary_berne.html

Hurto es la tipificación que recibe toda acción de apropiación de obras ajenas dándolas como propias. La legislación de cada país prevé en sus normas las sanciones tanto penales, como civiles, respectivas.

Conviene, asimismo, puntualizar que Plagio, de acuerdo al linguista uruguayo  Ricardo Soca es igual que plaga y llaga— se vincula en su origen etimológico al vocablo latino plaga y fue incorporada al Diccionario de la Real Academia en 1869 como una voz de creación culta, tomada directamente del latín plagium, que significaba 'robo de esclavos' y también 'plagio literario', como en nuestros días.

Este sustantivo se había formado a partir del adjetivo griego plagios, con el significado de 'engañoso, trapacero, oblicuo', que provenía, a su vez, de plazein 'golpear', 'descarriar', que también está en el origen de plaga.El plagio es un delito despreciable, porque equivale a la apropiación del trabajo ajeno por parte de quienes no tienen capacidad para crear por sí mismos. En algunos países, plagio significa también “secuestro de personas”, un sentido que es heredero del robo de esclavos ajenos, mencionado más arriba.











miércoles, 20 de junio de 2018

Una novela de una sola frase gana un premio de 100.000 euros




Mike McCormack apoyado en una pared

El autor de ‘Solar Bones’, Mike McCormack, no sale de su asombro tras conocer que se ha hecho con el galardón
Una novela de una sola frase gana un premio de 100.000 euros
El escritor Mike McCormack, en una imagen de archivo (Dublin Literary Award)

Mike McCormack no sale de su asombro. El escritor acaba de ganar el premio literario internacional de Dublín por su novela Solar Bones, un galardón de lo más prestigioso en el mundo editorial que otorga a su vencedor nada menos que 100.000 euros. Con unas cifras y un reconocimiento de tal calibre, sería habitual que el autor estuviera sobrepasado. Sin embargo, su sorpresa vendría por otra cuestión: su novela únicamente tiene una frase.

Su optimismo no es la mejor de sus bazas. Ya lo dice en su propia página de Wikipedia, que asegura que el escritor es una persona “desgraciadamente descuidada”, una calificación con la que él mismo se describió hace unos años. Una característica que no le ha hecho descentrarse de su camino en las letras. No obstante, ha reconocido al diario británico The Guardian que quedó “impactado” tras conocer el veredicto. “Había renunciado completamente a la esperanza de ganarlo”.

El premio literario internacional de Dublín, anteriormente conocido como Impac, lo eligen bibliotecarios de todo el mundo

El premio literario internacional de Dublín, anteriormente conocido como Impac, lo eligen bibliotecarios de todo el mundo. Son ellos los que hacen una selección y deciden a que autor bendicen cada año. En esta última edición, los jueces aclamaron el libro de McCormack como “formalmente ambicioso, estilísticamente intrépido y con espíritu lingüístico”.

No crean los futuros lectores que se trata de una oración cualquiera, pues fluye en más de 270 páginas. Los jueces han visto en esta frase una gran dificultad para componerla “sin que pierda su esencia y sin que no vengan ganas de seguir dev orando páginas”. De ahí, su reconocimiento. Además, la historia abarca una sola jornada: el Día de Todos los Santos, cuando, según la superstición, los muertos pueden regresar a la tierra de los vivos. La historia la narra Marcus Conway, esposo, padre, ingeniero civil y, también, un fantasma (en su sentido más literal).

Solar Bones es el quinto libro del autor de Galway. Pese a que es, indudablemente, su obra más leída, asegura que “la gente me mira como un debutante”. Anteriormente, este mismo libro ya le hizo ganar el premio Goldsmiths por ficción experimental, así como ser elegido para el reconocimiento editorial Man Booker.

El propio autor ha reconocido a la prensa que “costó mucho colocar el libro en el mercado”

El propio autor ha reconocido a la prensa que “costó mucho colocar el libro en el mercado”. Muchas editoriales se negaron a publicarlo, pues “nadie lo quería”. “Dos editores lo llevaron a las reuniones de adquisiciones pero no pudieron venderlo porque yo no tenía reputación de vender libros”.

Lisa Coen, una de las dos personas detrás de Tramp Press, la pequeña editorial irlandesa que se arriesgó por primera vez en la novela, ha explicado: “Si fueras un editor cínico y buscaste un libro que no te perdiera dinero, probablemente no elegiría Solar Bones. Y es encantador que este no sea el caso. Que este premio sea decidido por lectores y bibliotecarios es un gran negocio para Mike. Mike siempre tuvo seguidores de culto, es detenido en las calles. Pero este es un sello de aprobación diferente”.

miércoles, 16 de mayo de 2018

MIL Mujeres en la Industria Literaria - ¿Es sexista el mundo del libro?

España:
La escritora Maureen Johnson publicó hace unos años una novela titulada The Key to the Golden Firebird (sin publicar en España) que «va sobre tres hermanas que se enfrentan a la muerte súbita de su padre», explica en su blog. Sus editores creyeron que lo más apropiado para eso era una portada rosa Barbie, con el título del libro escrito en la camiseta de una modelo y una pegatina en forma de corazón aclarando: «A novel» («Una novela»).
«Ahora, como ejercicio mental –pidió Johnson recientemente– imaginen que en lugar de Maureen yo me llamase Maurice Johnson. ¿Tendría mi libro ese aspecto?». A partir de ahí, la autora retó a sus seguidores en Twitter y Tumblr a jugar al Coverflip (cambio de portadas). La idea consistía en tomar la cubierta de un libro clásico o reciente, cambiar el género de su autor (por ejemplo, JaneFranzen en lugar de Jonathan Franzen) e imaginar cómo hubiera sido.
Diseñadores y lectores aficionados se volcaron con el proyecto y en apenas unas horas dieron con portadas falsas de lo más creíbles. Si Jeanette, en lugar de Jeffrey, Eugenides hubiera escrito La trama nupcial, especulaban, la cubierta llevaría a una novia con ramo incluido en lugar de la elegante portada tipográfica que utilizó la edición original. «Muchas autoras (entre ellas superventas como Jodi Picoult) se pusieron en contacto conmigo para comentar el experimento. Margaret Atwood lo mencionó en un artículo. Creo que es algo que nos toca a muchas», comenta Johnson a S Moda.
Sylvia Plath, ¿chick lit? Los clásicos tampoco se libran. En febrero pasado, Faber publicó una reedición de La campana de cristal, de Sylvia Plath, con motivo del 50 aniversario del libro. Por si no tenía suficiente tirón decidieron comercializarla con una nueva cubierta en la que aparece una mujer aplicándose maquillaje. The London Review of Books la calificó sencillamente de «boba» y periodistas como Tracey Egan Morrisey fueron un poco más allá: «Para un libro que va sobre la depresión clínica de una mujer, exacerbada por los sofocantes roles de género que se supone que debe cumplir, es bastante estúpido ponerle una foto barata retro de una pin up maquillándose».
Desde Faber se defendieron asegurando que trataban de acercar el libro a un nuevo público «que pueda disfrutar de él sin saber nada de poesía ni del contexto del trabajo de Plath». La portada podía resultar más atractiva en las grandes superficies pero, como notaron muchos, otras ediciones recientes de aniversario, como las de George Orwell, no recibieron el mismo tratamiento.
En el sector editorial español también sucede, «aunque seguramente en menor medida, porque las colecciones permiten menos juego», apunta Elena Ramírez, editora de Seix Barral. «El mercado anglosajón es ferozmente competitivo y los libros a veces se venden casi al peso, como un objeto empaquetado para competir», añade.
Aun así, las cubiertas son sólo una pequeña parte de un problema mayor que algunos detectan: la industria editorial, enormemente poblada por mujeres –en España son mayoría en los puestos editoriales, aunque no tanto en los directivos– y sostenida gracias a un público consumidor también abrumadoramente femenino, no está exenta de sexismo.
Literatura mujeres
Claire Messud defendió el derecho de su última protagonista a ser poco simpática y dio lugar a la polémica al rebelarse contra el rol de «chica maja».
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La asociación VIDA, que busca «explorar la percepción crítica de lo que escriben las mujeres» publica desde hace tres años una minuciosa colección de estadísticas detallando el número de críticas y libros escritos por féminas en los principales medios literarios anglosajones. En algunos, como Granta, se acerca al 40% (en parte porque esa revista literaria publica un número anual exclusivamente femenino, un gesto ya de por sí polémico) y en otros, como la respetada New York Review of Books apenas llegan a un 20% de reseñas de libros escritos por autoras y menos de un 10% de firmas femeninas. La asociación admite que desde que publica sus datos, las cosas han mejorado sensiblemente.
No todo el mundo está de acuerdo en que las mujeres lo tengan más difícil. El joven novelista Teddy Wayne (Kapitoil, Blackie Books) esgrimió en un provocador ensayo titulado La agonía del hombre novelista que «a la mayoría de autores literarios hombres, excluyendo el escalafón superior de los Franzen, Eugenides y De Lillo, les resulta más difícil que a las mujeres labrarse una carrera literaria financieramente estable (…)». Wayne argumenta que las autoras se benefician de una doble exposición mediática, al aparecer a la vez en revistas femeninas y literarias, y compara a los hombres que escriben con los actores porno: «Son menos y ganan menos que ellas, que tienen mucha más demanda de público». Además, el escritor aduce que las mujeres compran en Estados Unidos unas dos terceras partes del total de libros y un 80% cuando se habla de ficción literaria. Allí existe una tupida red de clubs de lectura, casi 100% femenina, a la que corteja la industria. «El libro arquetípico que escogen esos clubes está escrito por una mujer, tiene personajes femeninos, incluye una historia de amor, un relato de crecimiento personal o una narrativa madre-hija, quizá con trasfondo histórico».
De lo que Wayne está hablando, sin decirlo, es de ese género inventado llamado women’s fiction, un término que desagrada especialmente a la agente literaria Mónica Martín. «¿Por qué no existe la male fiction? Porque se supone que es lo normal, lo que debe ser. Si Clarín hubiese vivido hoy y fuese mujer tendríamos otro análisis de La regenta. Y lo mismo con Madame Bovary y con Lolita. ¿Es women’s fiction la novela Las bostonianas de Henry James?». Ana S. Pareja, la editora de Alpha Decay, amplía el foco: «Por norma general se espera que las mujeres escriban para mujeres y los hombres, para ambos sexos. El hecho de que ellas compren más libros enturbia la percepción que tenemos y perjudica a las autoras que van por libre», apunta. 
Pareja recuerda algunos casos curiosos que le ha tocado vivir con las escritoras que publican en su sello, como la argentina Pola Oloixarac, que es joven y muy atractiva. «Recuerdo frases sonrojantes en la prensa generalista sobre ‘sus largas piernas’ (o pestañas). Al mismo tiempo, la belleza física de algunas autoras ayuda a que más periodistas se interesen por ellas». Elena Ramírez lo confirma: «Si la autora es bonita, tiene sentido del humor y usa tacones le saldrán toda clase de propuestas de promoción, para posar maquillada en las revistas u opinando sobre cualquier cuestión al margen de su obra. Le publicarán menos críticas serias en los suplementos y tendrá que demostrar durante muchos años lo que vale para conseguir una portada. Lo logrará cuando vista mucho de negro, vaya despeinada o se haya hecho mayor. O sea extranjera, claro».
La última y curiosa polémica sobre mujeres y letras que saltó a los medios hace unas semanas no tiene que ver con las autoras ni con su eco mediático, sino con los personajes femeninos de sus libros. La novelista Claire Messud promocionaba The Woman Upstairs, en el que la protagonista es una mujer de 42 años que se rebela contra el rol de «chica maja» que la sociedad le ha otorgado. Una periodista del Publishers Weekly le lanzó a Messud la siguiente pregunta: «Yo no querría ser amiga de Nora, ¿y usted? Su visión es insoportablemente negativa».
La respuesta de la autora fue épica y furibunda, y no tardó en replicarse vía Twitter: «¿Qué clase de pregunta es esa, cielo santo? ¿Querría usted ser amiga de Humbert Humbert, de Mickey Sabbath, de Hamlet, de Edipo, de Óscar Wao, de cualquiera de los personajes de Las correcciones o de La broma infinita, de cualquiera de los tipos que jamás hayan imaginado Pynchon o Martin Amis?». Messud, y a continuación otras autoras como Curtis Sittenfeld, han empezado a rebelarse contra un último vestigio sexista en la literatura: la necesidad de que los personajes femeninos sean más empáticos y agradables. «Si usted lee para hacer amigos tiene un grave problema –continuó la escritora–. Leemos para encontrar vida, en todas sus posibilidades». Y en todos sus géneros y formatos, se podría añadir innecesariamente.
Fuente:https://smoda.elpais.com/moda/es-sexista-el-mundo-del-libro/